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Lección de mercados de valores

  • Actualizado: 11 septiembre 2022 /
José Azcona

La deuda a corto plazo, desarrollándose en forma exponencial hasta constituirse en pirámide, fue un problema importante en la crisis de los mercados de valores de los 90.

La deuda a 90 días es casi imposible de cancelarse en el transcurso de las operaciones de negocios, causando que esta fuera refinanciada cada vez a un costo mayor (ya que compite con emisiones nuevas por el mismo capital).En situaciones normales, el costo de las garantías y emisión debiese hacer que sus retornos fueran menores, por lo que tendría un rendimiento menos atractivo.

Se creó un mecanismo distorsionado de incentivos al hacer el cobro al emisor con el desembolso y no con los rendimientos. Esta tasa de desembolso alta, y no sobre el manejo, hace que el incentivo del puesto de bolsa sea la colocación (cuantas más veces repetidas mejor) y no la salud de su cartera.

Al pasar al mecanismo de cobrar principalmente por manejo se garantiza la rentabilidad de los participantes sin crear incentivos a la especulación. Una obligación a largo plazo, segura y confiable, se vuelve un instrumento bancable o sujeto de ser negociado en mejores condiciones.

Esto ayuda a crear un mercado secundario que con la regulación y supervisión adecuada puede ser un motor de crecimiento.

La información de todas las transacciones, emisores y colocaciones debe ser pública.

Que los rendimientos y riesgos sean conocidos por los inversionistas ayuda a que llegue capital a los distintos tipos de actividades de acuerdo con el apetito de riesgo de cada quien. Si el mercado se vuelve más maduro, se pueden autorizar productos sin garantía más allá del pagaré (parcial o totalmente) que sirve para captar inversión en nuevos rubros (especialmente tecnológicos y de servicios novedosos).