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¿La ley de compensación existe?

  • 11 marzo 2022 /

Cierto hombre cultivaba un maíz tan bueno que año con año ganaba siempre el primer premio en la Feria del Agricultor. Lo sorprendente es que lejos de guardar como un secreto el tipo de semilla que le producía tan buenos resultados, compartía parte de sus mejores semillas con todos los demás agricultores de los contornos. Extrañados algunos, le preguntaron por qué. El hombre, que no por casualidad lograba tan buena cantidad como calidad en sus cosechas, explicó que lo hacía por puro interés.

“El viento tiene la virtud de trasladar el polen de unos campos a otros. Por ello, si mis vecinos cultivaran un maíz de clase inferior, la polinización rebajaría la calidad de mi propio maíz. Esta es la razón por la que me interesa enormemente que solo planten el mejor maíz”.

Anthony de Mello nos dice que “Todo lo que das a otros, te lo estás dando a ti mismo”. Y es que al igual que en la agricultura, en prácticamente todos los campos, uno acaba recibiendo en la medida en que da. Así el estudiante que ayuda al compañero que no entendió bien, a comprender esas ecuaciones, acabará por afianzar el conocimiento él mismo. Y el vendedor que se preocupa por proporcionar el mejor servicio a sus clientes, finalizará conociendo a fondo sus productos y mejorando sus ingresos. Por contraposición, el vecino que se niega a cooperar con su comunidad acabará sufriendo por la incomprensión que él mismo provocó. Hay, sin lugar a duda una ley natural que tiende a compensar tanto las buenas acciones, como las malas. Por eso se nos ha dicho “dando es como recibimos”, y “se beneficia mejor el que mejor sirve”. Pero no deberíamos olvidar que también se dice “Siembra vientos y recogerás tempestades”, como una advertencia de que la ley de compensación podría actuar también en contra. Algo así como aquel que se alegró de que los hijos de su amigo se enfermaran de sarampión, hasta que se dio cuenta de que habían contagiado a los suyos. Todo, lo bueno y lo malo, parece inexorablemente alcanzarnos.

LO NEGATIVO: Pensar que es tonto hacer el bien, y que el mal que hagamos jamás nos afectará.

LO POSITIVO: Saber que la ley de la compensación existe. Es prudente pues, actuar en consecuencia.

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