No ejercía aún el periodismo cuando estuve presente en uno de los acontecimientos más grandiosos de Nicaragua: la celebración del triunfo de la revolución sandinista en Julio de 1979.

Como muchos hondureños había seguido la lucha que libraba el pueblo nicaragüense con el acompañamiento bélico de los guerrilleros sandinistas, para derrocar al dictador Anastasio Somoza Debayle quien había convertido el país en su hacienda particular. Cuando escuchamos la noticia con mi hermano Juan Antonio, decidimos viajar por nuestra cuenta y riesgo a la tierra de Sandino junto al reportero gráfico de Diario Tiempo, Gerardo Mazariegos.

Al anochecer entramos a Chinandega y la encontramos lúgubre, a media luz, debido a los desastres ocasionados por la guerra. Los sandinistas demandaron que nos quedáramos a pernoctar en un hotel convertido en su cuartel, porque en la carretera podíamos toparnos con guardias armados que habían quedado desperdigados.

A tempranas horas del día siguiente llegamos a Managua acompañados de un miembro del frente sandinista a quien dimos aventón en el Volvo que conducía mi hermano. Acostumbrado al fragor de los combates el revolucionario no se inmutó cuando al entrar a la ciudad fuimos sorprendidos por una escaramuza a balazos entre los mismos sandinistas.

Fue una confusión debido a que uno de los grupos armados estaba llegando a la celebración en un comando incautado a los somocistas, al que no habían quitado el letrero: Guardia Nacional. Allí vimos tirados en la calle, pedazos de la estatua ecuestre de Anastasio Somoza García, derribada de su pedestal por el pueblo. Este personaje fue el primero de la dinastía en gobernar Nicaragua.

El momento cumbre se dio cuando llegó una caravana de vehículos en que entraban triunfantes los héroes de la revolución entre los que vimos al sacerdote poeta Ernesto Cardenal, a Dora María Téllez (comandante Dos) y Edén Pastora (comandante Cero).Volví a Nicaragua como periodista de La Prensa para cubrir las elecciones que ganó Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en 2016.

Eran los segundos comicios que ganaba el ex guerrillero, en medio de críticas a sus maniobras reeleccionistas y su traición a los principios sandinistas. Entre sus censores hay figuras que contribuyeron al triunfo de la revolución como el escritor Sergio Ramírez, ahora en el exilio, y el cantautor Carlos Mejía Godoy que usó su guitarra y voz como armas de combate.

En su tercer período que inició este año, Ortega ha recibido un repudio mundial por reprimir a aquellos que adversan su gobierno sin importar que sean políticos, periodistas o representantes de la grey católica. A él parece no importarle esto, ni el rechazo de mucha gente repetir la historia de los Somoza.