“No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”. William Shakespeare. La humanidad está llena de buenas intenciones: el deseo de paz, armonía, bienestar, pero sin acciones solo son emociones lanzadas al viento. La realidad que el afecto virtual no es suficiente para el que la está pasando mal, los buenos deseos no sanan, ni quitan ansiedades o miedos; gran parte de la bondad que vemos en el mundo es “ El resultado de quien se esfuerza cada día por hacer el bien” Séneca.

Toda persona tiene una grandeza en su interior llamada propósito; lo que le permite trascender y dejar una huella en las personas; se necesita ser capaz de ponerse en los zapatos de otras personas, el dejar un legado de amor, respeto, disciplina, carácter y ser entendido y saber entender a los demás y dejar una lección de aprendizaje; no podemos manchar y ensuciar la fuente de agua donde un día saciamos la sed, esto es pura grandeza; cada vez que un hombre ha superado sus fracasos eso es grandeza, cuando no solo compartes la riqueza sino que ayudas a otros a descubrir su propia riqueza; uno de los obstáculos mayores en las personas con riqueza interior es que otros pueden aprovecharse de ese buen corazón, pero nunca permita que le afecte; la entrega de lo pequeño moldea nuestro corazón, ninguna entrega se improvisa sino que es progresiva y preparada.

“El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo; aunque es la más pequeñas de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas”. Mateo 13:31-32. La grandeza interior da un gran significado en la vida, puede ser recordado más por cosas pequeñas hechas, que realices con amor, que cualquier nivel de éxito logrado.