“Las pruebas nos enseñan lo que somos; excavan el suelo y nos dejan ver de qué estamos hechos”. Charles Spurgeon.

La erosión del suelo es el desplazamiento de la capa superior de este, puede ser lento, que pase desapercibido o puede verse con un ritmo alarmante; en la vida diaria el alma se erosiona por las ofensas recibidas y heridas permanentes.

La tecnología y sus avances no han resuelto los daños catastróficos a la naturaleza, una violencia tipo pandemia que utiliza sus propios tatuajes como los políticos donde el poder justifica todo tipo de infamia y pretende arrancar a la vida los valores y creencias propias, el capitalismo o canibalismo intrépido que se presenta como un gran negociador, el sicario intelectual que opera como juez inapelable y casi como dios, sin mostrar compasión.

La erosión que vino de la arrogancia que no respeta nada ni a nadie, apoderándose de los sueños ajenos y los hace propios ignorando el sacrificio de los demás.

Pareciera que hay personajes que aparecen como los cuatro fantásticos unos de piedra, fuego, elástico e invisible con una sociedad codificada, encapsulada haciendo una neblina de sueños que nunca se cumplen.

La erosión de la identidad con una sociedad embriagada de consumo la cual impide valorar las marcas de su propias huellas, al final la meta principal es aniquilar el alma y dejar en el vacío y en modo avión toda facultad de poder vivir una vida de propósito, pero cuando el nivel de humillación es excedido por el nivel de desesperación estamos aptos para recibir la gracia y favor de Dios, he conocido personas que sus heridas no sanadas han eliminado su fe en Dios.

“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús. A fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás”: Efesios 2:10 NTV.

Viva sin erosiones.