SHay tonterías que, de tanto repetirlas, algunos se las han creído. Por ejemplo, esa de que “Jesucristo fue el primer comunista”. ¿Jesucristo predecesor de Carlos Marx, de Stalin, de Castro, de Chávez? Resulta difícil de creer que alguien se tome en serio eso.
Otra cosa distinta es la publicidad, en la cual los comunistas son auténticos genios. Las naciones donde dominaban se llamaban “Repúblicas Democráticas”, cuando lo que menos había allí era democracia. Y como eran muy hábiles para vender lo que no tenían, comprendieron que podían beneficiarse de la imagen de Jesucristo diciendo que había sido un precursor suyo.
Precursor, supuestamente, porque el Señor estaba con los pobres, lo cual es verdad. Pero aparte de esa semejanza -que habría que discutir, pues yo tengo dudas sobre si el comunismo ha estado alguna vez con los pobres o los ha utilizado-, todo lo demás es diferencia.
Cristo es Dios y el cristianismo es una religión, mientras que el comunismo es ateo por definición y además profundamente anticristiano -y si no que se lo pregunten a los que eran enviados a los campos de concentración en Siberia-. El cristianismo basa su amor al prójimo en un concepto de justicia radicalmente pacífica, mientras que el comunismo es esencialmente violento y justifica todo, absolutamente todo, desde el concepto de “lucha de clases”.
En fin, para un cristiano la vida en la tierra es solo una parte de la vida, que es eterna, mientras que para el comunista la fe en la vida eterna hace de la religión el opio del pueblo.
Los cristianos llevamos décadas soportando la persecución comunista. Gracias a Dios, el Papa pone las cosas en su sitio y denuncia la usurpación de una de nuestras señas de identidad por parte de ellos: la defensa de los pobres. Ya era hora.
