“Nadie puede hacerte sentir mal sin tu consentimiento”: Eleanor Roosvelt.
Todos en una experiencia de vida te han querido humillar con palabras que desacreditan y tratan de afectar tu vida y conducta ya sea en la escuela, colegio, universidad y en la calle misma. Nunca olvides que los insultos nunca deben ofender jamás, las personas buscan siempre una víctima fácil; las personas que insultan quieren saber si eres débil o fuerte en tu carácter, esto lo que revela es ver la reacción si respondes o te hace intimidar. Siempre ofenden, agreden verbalmente, diciendo las cosas con mayor tono de voz.
Muchas veces, quedarse en silencio no demuestra debilidad ni inseguridad, sencillamente tú decides a quién dedicarle tiempo y a quién no.
Estamos viviendo esta pandemia muy fatal en la vida diaria y sobra quién insulte en la calle, en medios de comunicación, en todo lugar; pareciera que se ha vuelto una normalidad. Existe una falta de respeto total.
Es importante que determines no caer en la trampa del insulto, debes saber cuál es el origen, la razón, por la que las personas se enojan; las personas, cuando insultan, quieren huir o pelear, pero debes saber controlar tu amígdala cerebral que libera cortisol, adrenalina, sino entrarás a la etapa de furia, justificación y al final terminas arrepentido de haber dicho cosas que no querías. Lo cierto es que cada noticia parece incluir historias de discusiones, disputas y peleas; siempre que algo o alguien irrumpe o viola los acuerdos la paz cesa. Adán culpó a Eva, Caín asesinó a su hermano y desde entonces, la historia del mundo ha sido una crónica de conflictos, vemos relaciones rotas, divorcios, guerras civiles, conflictos.
“El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada; y los pleitos son como cerrojos de fortaleza”. Proverbios 18:19 RVR60.
Hoy es el tiempo de perdonar para edificar; no pierdas la oportunidad, por todo fuerza y honor.