31/05/2026
10:56 AM

Inmigrantes con metas

Renán Martínez

Esperaba en solitario, con cierta expectación, a la persona que ocuparía el asiento a mi lado izquierdo del avión que me conduciría de Atlanta a San Pedro Sula.

Fue una de las últimas en abordar, era una mujer de tez sonrosada y unos 38 años bien dados quien, al acomodarse en el asiento gemelo, me regaló una discreta sonrisa a la cual yo correspondí con un ¡Buenos días! a media voz.

Era imposible no empezar una plática con la que sería mi compañera de vuelo durante tres horas, así que cuando el avión tomó altura ya habíamos cruzado las palabras de rigor entre dos desconocidos, y en pleno vuelo logramos la confianza para hablar un poco de nosotros.

Ella llegó con 15 años de edad a Estados Unidos procedente de una aldea de Santa Bárbara, con una estrella imaginaria en la frente como todos los hondureños que emigran de su patria agobiados por la pobreza.

Por lo que me contó deduje que, en la poderosa nación, le ha ido mucho mejor que a otros compatriotas quienes no logran arreglar papeles, ni se sacrifican por superarse. Vive en Atlanta en donde se dedica a brindar servicio de limpieza a casas y oficinas. Dijo estar felizmente casada con un hondureño al que tampoco le va mal como inmigrante residente, y con quien tienen un adolescente y una niña de diez años.

Coincidí con la dama en que si alguien no llega a Estados Unidos con la meta fija de triunfar y más bien se deja absorber por las cosas banales o ilegales, lo más probable es que terminará en la cárcel o regresará derrotado a su país de origen.

Mi acompañante rio de buena gana cuando le dije que muchos inmigrantes no triunfan en el país de las oportunidades porque lo único que aprenden del inglés es “six pack”, “liquor store” y “give me a beer”. Luego ironizó que llegan creyendo que los dólares se cortan de los árboles como si fueran hojas.

Como ella tiene su “green card” ha vuelto a su país en varias oportunidades, pero esta vez estaba más feliz que en ocasiones anteriores porque iba por su abuela para celebrar sus 97 años en Estados Unidos.

Lo que más disfruta durante sus vacaciones en su tierra natal es la sopa de frijoles cocida en hornilla, como no la venden en ningún restaurante gringo. Para demostrar su sencillo gusto gastronómico me mostró una foto, que guarda en su celular, de un plato de sopa hecha con frijoles, chicharrón y guineo verde, mientras pasaba la azafata ofreciendo sofisticados bocadillos fríos.