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Indecisos

  • Actualizado: 23 agosto 2021 /

Sergio Banegas

El hombre es un animal político que decide por el estómago, la cabeza, el corazón, y en el caso de estas honduras por los bolsillos. El tilín tilín está listo para comprar las dignidades y arrasar en las elecciones generales de noviembre.

Cerramos una década gubernamental lamentable la cual estuvo llena de fraudes electorales, violaciones de los preceptos constitucionales, manchas al honor de la república en las cortes internacionales, venta del territorio, y actos de corrupción que han lacerado la endeble economía.

Todo ello repercute en que miles de hondureños -como yo- estemos indecisos sobre acudir al circo electoral de noviembre, sabiendo por anticipado que el guion está escrito y que los actores solo irán a darle barniz de legitimación a la pantomima de mal gusto que es nuestra democracia.

Imagínese usted, estamos a merced de la continuidad de un estado fallido con el régimen oficialista a través de alguien que maneja los dineros del pueblo en sus cuentas bancarias personales, enemigo de los árboles y amigo del cemento; y al otro lado de la acera un exconvicto; un señor narcisista que cambia todos los días, y una señora que no tiene plan de país. Vaya drama para el pueblo hondureño que tras cuatro décadas de “vida democrática” sigue atado a la pobreza, no solo por elegir pésimos gobernantes sino, incluso, por llegar a convertirse en cómplice y adulador de los corruptos que roban sus esperanzas de tener un sistema de educación y salud dignos. La autoflagelación ocurre cada día que el menesteroso pueblo besa las manos de su propio verdugo.

Es así que los indecisos e independientes cada vez están más convencidos de que no sirve de nada acudir a las urnas cuando el poder detrás del trono ya decidió. Desafortunadamente en esta jungla política no hay opciones serias y convincentes que aseguren al menos el uso honesto y transparente de los recursos públicos: al menos con ello ya nos daríamos por satisfechos.