En lo económico, cancelar el aeropuerto de Texcoco es el peor negocio del siglo en México. Cerrar las puertas en el sector petrolero a la inversión privada, significa más importación de gasolina y destinar miles de millones para subsidiar a Pemex. Obstaculizar la inversión privada en el sector eléctrico implica más recursos fiscales para la CFE.
A los grupos extremistas, que buscan víctimas en sus protestas, les da impunidad ante cierre de vías de comunicación, bloqueo de trenes, quema de oficinas públicas y daños a Palacio Nacional. Mientras a los manifestantes pacíficos del movimiento Frenaaa, los granaderos les impidieron el paso al Zócalo, la Policía les robó las tiendas de campaña, les obstaculizaron entrar a baños y les cortaron el ingreso de alimentos. Solo mediante la orden de un juez, que mostró independencia del Ejecutivo, se suspendió la orden de impedir el derecho a la libre circulación y a la libre expresión a los de Frenaaa, y los dejaron pasar. Mientras a los violentos de la normal de Ayotzinapa y a los de la CNTE, les permiten impunemente violar la ley con sus acciones destructivas.
Dos varas para medir las protestas, una protegiendo a violentos y dándoles impunidad para destruir, y la otra obstaculizando y violando los derechos de libre circulación y expresión, a manifestantes que no comparten el camino al socialismo real o capitalismo, que sigue el gobierno de la 4T.