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Honduras: el rol de la comunidad árabe-palestina

  • 22 enero 2024 /

Al dar un vistazo a las escuelas y colegios privados de mayor envergadura en las dos ciudades principales de Honduras, fácilmente se puede identificar a la etnia árabe-palestina y, a una menor escala, libanesa, dada su posición en la cúspide social-económica del país. La conformación etnorracial contemporánea de las élites de Honduras se debe a varios procesos históricos, pero principalmente al avenir de la Segunda Guerra Mundial y la astucia de las familias inmigrantes que se asentaron en la costa norte y aprovecharon el fenómeno de la globalización al finalizar la gran guerra. Entre los años de 1946 y 1956, 825 inmigrantes se naturalizaron ante la Secretaría de Relaciones Exteriores –294 (o 36%) se identificaron como palestinos; 117 como salvadoreños, obteniendo el segundo lugar; seguidos por 66 nicaragüenses, y 52 españoles. Este fenómeno merece nuestro análisis porque hoy en día nuestro país tiene un vicepresidente de ascendencia árabe-libanesa en Salvador Nasralla, mientras que un hijo de la presidenta de la república recientemente contrajo matrimonio con una señorita de ascendencia palestina. Cabe mencionar que la familia Facussé, también una familia árabe, a través de Carlos Flores, ha tenido una sustancial influencia en el Gobierno desde la administración de Suazo Córdova.

¿Pero cómo se dio esta transformación económica y etnosocial en tan solo 80 años? Pues los inmigrantes árabes llegaron sin nada, desplazados por la guerra en el concierto de Medio Oriente y sin hablar español. Todo apunta a que la segunda y tercera generación de los palestinos-libaneses, una vez asentados y “hondureñizados” en la costa norte, aprovecharon la presencia de industriales americanos como Samuel Zemurray (quien eventualmente se convertiría en el presidente de la Standard Fruit Company), su proximidad al puerto más importante de Honduras (Puerto Cortés, el cual recibió una importante remodelación en 1966) y la incorporación de Honduras en el Mercado Común Centroamericano para invertir en la industria manufacturera a una escala nunca antes vista en el país.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, la Standard Fruit Company comenzó una fuerte consolidación de estructuras financieras en la costa norte, incluyendo el complejo cervecero, plantaciones de caña, refinerías azucareras, molinos harineros y fábricas de cemento a través de “holdings”, que comenzaron con el apoyo de hombres como Samuel Zemurray y con financiación de la banca nacional. Aún más importante, la sociedad sampedrana, liderada por los árabes-palestinos y algunos judíos, logró organizarse e involucrarse en estas inversiones. Algunos nombres de estos astutos inmigrantes incluían a Boris Goldstein, Elías J. Kattan, Yankel Rosenthal, y las familias Canahuati, Siwady y Yuja.

Don Roberto Fasquelle, por ejemplo, era colaborador de Samuel Zemurray desde 1930. Bajo recomendación de Zemurray, Fasquelle prosiguió a conformar empresas de siembra de caña y, ayudado por importantes concesiones del Estado (gracias a la colaboración de Juan M. Gálvez, entonces ministro de Gobernación), se asoció con importantes árabes-palestinos, incluyendo a las familias Larach, Siwady, Facussé y Barjum. La compañía azucarera hondureña proseguiría a convertirse en una de las empresas más grandes del país. Similarmente, Cementos de Honduras S.A. (Cemsa) se solidificó en 1948 bajo el tutelaje de Antonio Mata, ejecutivo de las compañías bananeras. Don Paul Vinelli, ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y futuro accionista de Banco Atlántida, aportaría con sus recomendaciones al BCIE y Usaid como fuentes externas de capital para Cemsa. Estas fuentes de capital foráneas eran mejor utilizadas por la nueva burguesía árabe-palestina de la costa norte. Individuos involucrados con Cemsa incluían a Jude Canahuati, Yankel Rosenthal, Luis Kafie, Jorge J. Larach, Jacobo D. Kattán y Elías J. Kattán.

Muchos historiadores, especialmente los que no son hondureños, corren por calificar la industrialización de Honduras como el resultado de las grandes plantaciones de las compañías bananeras imperialistas. Esta perspectiva no hace justicia a la influencia política, económica y social que han tenido los árabes-palestinos en Honduras. Además, en tiempos de guerra en Medio Oriente es importante recordar que en este rincón del mundo, los americanos y los palestinos han colaborado para el bien de la humanidad.

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