Bien, las aplicaciones para conocer personas ya sea en plan de romance o de amistad son el “boom” del momento en todos lados, hay varias razones para poder explicar este fenómeno, unas muy válidas (de las cuales escribiré en otro momento) y otras no tanto.
La carencia de habilidades sociales es uno de los motivos que empuja a la gente a buscar a otra gente al otro lado de la pantalla.
Por favor, deténgase un momento y ponga atención la próxima vez que intente entablar una conversación con alguien. Vaya tomando nota y se dará cuenta de que una buena mayoría de esas personas con las cuales usted ha intentado hablar o profundizar sobre algo no escucha. Es decir, oye porque tiene el sentido del oído sano, pero no escucha. No pone atención a lo que usted está diciendo, no le sigue el hilo a la conversación, comienza a hablar de otra cosa muy ajena a lo que usted quiere referirse o está más pendiente de su teléfono.
Una frase que está de moda: “yo digo la verdad, aunque duela”. La gente está confundiendo la sinceridad con la crueldad. Si usted “suelta” las cosas sin importarle cómo lo tome el otro, no puede esperar que sus relaciones interpersonales sean las mejores.
Otra frase: “es que él o ella debería saber lo que quiero”. ¿Qué clase de comunicación (que insisto, es la base de cualquier relación) puede haber donde una de las partes se niega a decir lo que necesita o le que le disgusta y en vez de eso espera que el otro adivine sus necesidades y molestias? Una comunicación precaria.
Tampoco todos hemos aprendido a decir que no cuando debemos hacerlo. Sin importar la edad, este es un problema generalizado que tampoco ayuda cuando de establecer relaciones saludables se trata.
La capacidad para conectar con los sentimientos del otro, para ponernos en su lugar al punto de poder sentir lo que siente, tampoco es la más común. Más habitual es escuchar el tan familiar “ese no es mi problema”.
“Yo soy como soy, donde quiera que vaya”, otra frase y conducta muy usada. Hay un momento y lugar para cada cosa. Si no sabemos “leer” el ambiente para adaptarnos propiamente a él, no seremos bien recibidos por los demás.
¿Y acaso la mayoría tiene la “cabeza fría” para reaccionar de la mejor manera cuando surgen los problemas? No, la mayoría no tiene mucho control sobre sus emociones.
Entonces, si no tenemos una escucha activa, tampoco tenemos tacto al decir lo que pensamos ni hablamos de manera clara para exponer lo que queremos del otro; si no sabemos cómo poner límites, si no nos comportamos de acuerdo con el momento o a la situación, y no tenemos idea de cómo manejar los conflictos, carecemos de habilidades sociales.
Y sin ellas es más complicado llevarnos bien con la gente a nuestro alrededor. Y he aquí uno de los porqués la gente se está volcando a la pantalla, porque en ella esos “defectitos” son más difíciles de identificar.