Los seres humanos hemos crecido en los primeros meses de nuestra vida en el vientre de una mujer, nuestra madre biológica. Y todos deberíamos estar infinitamente agradecidos por esa circunstancia natural pero grandiosa y sublime.

Las sensaciones y los cambios que ocurren en el cuerpo femenino durante ese tiempo llevan a figuras afectivas muy precisas, como cuando se dice “te quiero con amor entrañable”, que significa aquello que nace en las entrañas y que viene de los más profundo del ser humano femenino, afirma Eduardo González.

Una de las escenas más tiernas en el comienzo del embarazo es explicarles a las hijas y a los hijos pequeños que tendrán un hermanito o una hermanita, que ahora está en la panza de mamá, mientras se le invita a besar el vientre materno. Cuando ya nace su hermanito o hermanita, el hijo mayor sigue besándole y hablándole tiernamente.

A su vez, cuando los niños o las niñas son adoptados se les enseña que, además de una madre biológica, son hijos o hijas del corazón de las personas que los han elegido con especial cariño para brindarles un entorno familiar.

Pero no siempre la maternidad ocurre en situaciones de vínculos agradables y de buena atención clínica. Situaciones dramáticas de madres jóvenes abandonadas por su parejas justamente por el motivo del embarazo, nacimientos en condiciones de miseria y postergación, y ausencia sanitaria que obliga a riesgos de infecciones hacen de esas mujeres verdaderas heroínas de la apuesta por la vida.

Ser madre no es una tarea fácil porque implica diferentes etapas en la vida de los niños, a veces felices y a veces tristes; pero lo esencial es atender sabiamente cada incidente y hacer el mejor trabajo para su formación integral.

Este domingo se celebra esta fiesta aquí en Honduras, pero en realidad el Día de la Madre debería ser todos los días del año, ya que ellas son siempre madres y merecen el reconocimiento de sus hijos e hijas y de la sociedad en la que cumplen su misión y su tarea. Su labor no tiene precio. Bendiciones y felicidades.