Una tendencia más ha surgido entre los jóvenes: “farmaear aura”, que podría describirse como encuentros grupales, en los que hay dos participantes que hacen gestos y asumen poses para demostrar carisma, estilo, respeto y confianza ante quienes observan.
Me decidí a investigar un poco más en la web y encontré que es una influencia de los videojuegos, en la que el “aura” es la energía que se obtiene actuando de forma segura y decidida. No hay contacto físico, en cambio hay silencio, miradas fijas y movimientos rápidos entre los oponentes. Hace pocos días nos sorprendía que la tendencia propagada en otros países, también se hiciera presente en Honduras. El tema saltó de las redes a las noticias y por supuesto, a las pláticas cotidianas, que oscilan entre la preocupación y la burla.
Más allá del temor inicial que suele despertar este tipo de tendencia, el asunto debería tomar otro giro, quizás un poco más profundo.No deja de llamar la atención la rapidez con la que nuestra juventud se apropia de tendencias externas, algo que bien podría señalarnos la fragilidad de nuestra propia cultura, tan permeable... tan maleable.Más allá de centrarnos en las musarañas que realizan los participantes, que nos parecen tan extrañas, el foco de las conversaciones debería estar puesto en la necesidad de pertenencia, expresión, y validación que es evidente en nuestra juventud.
Pretendemos que ellos, los jóvenes, actúen con la madurez y la experiencia de los adultos; sin embargo, ¿nos ocupamos por cultivar su pensamiento crítico?, ¿creamos espacios para que puedan dar rienda suelta a su creatividad y expresividad?
Sí, hay espacios, pero no son los que más llaman la atención. No despiertan el morbo que sí logran los gestos incomprendidos por la muchedumbre observadora. Entretiene menos que aquello que es “trendy”, que capta la atención.
Y es justamente la atención lo que parece encontrarse detrás de esta tendencia juvenil, y quizás de otras. Los jóvenes reclaman atención y respeto, que muchas veces no se encuentra en el propio hogar, mucho menos en espacios ampliados.
Buscar la confianza y la seguridad en la validación externa podría ser riesgoso para la salud emocional, pues está en juego la autoestima. ¿Están listos nuestros jóvenes para exponerse al juicio de sus pares? Podría ser una especie de “caja de pandora” -aclaro que no de pulseras, sino de problemas- que luego tenga otras consecuencias: burla, rechazo, vacío.
La invitación es a no quedarnos con la sorpresa inicial y pasar a la reflexión más seria, a conversar temas como éste y otros más en el hogar, a escuchar y orientar antes que juzgar. Cultivemos la confianza, en lugar del aura.