El estancamiento de China en el BTI

Desde las reformas de 1978, China experimentó un crecimiento económico acelerado sin que ello derivara en una apertura política, consolidando en cambio un sistema de partido único bajo el control del Partido Comunista

  • Actualizado: 17 de abril de 2026 a las 00:00 -

En una transformación económica sin precedentes, China -desde el inicio de las políticas de reforma y apertura en 1978- pasó de una sociedad mayoritariamente rural y empobrecida a convertirse en una sociedad y economía modernas. Muchos observadores entonces creían que este desarrollo económico daría lugar a la liberalización del sistema político, en la medida en que la nueva clase media china exigiera mayores niveles de participación y rendición de cuentas políticas. Sin embargo, estas expectativas quedaron frustradas: China sigue gobernada por un régimen de partido único, el Partido Comunista de China (PCCh), en el que este mantiene la primacía sobre el Estado. Las esperanzas de una apertura política parecen aún más lejos de la realidad bajo el gobierno de Xi Jinping, quien en muchos sentidos ha retornado a un modelo de gobierno personalista, concentrando una mayor parte del poder en su persona.

Sin embargo, China no solo no se democratizó, sino que su modelo económico también cumple solo parcialmente con los estándares de una economía de mercado. Lo demuestra el Índice de Transformación de la Fundación Bertelsmann (BTI), que acaba de publicar su undécima edición, abarcando más de dos décadas de análisis. Este índice permite comparar los resultados de China a lo largo de este período bajo la lupa de la democracia y la economía social de mercado.

Desde 2006, el BTI analiza cada dos años 137 países en vías de desarrollo según sus transformaciones hacia la democracia liberal y la economía social de mercado. Para ello, se evalúa un total de 57 indicadores con puntuaciones de 1 (peor) a 10 (mejor), que se agrupan y promedian en criterios que, a su vez, conforman tres dimensiones de análisis: la transformación política (estado de la democracia), la transformación económica (estado de la economía) y el índice de gobernanza. Mientras que las dos primeras dimensiones califican el marco legal y las realidades política y económica de cada país para evaluar su nivel de desarrollo en estos ámbitos, el índice de gobernanza analiza la medida, en la cual las reformas necesarias son llevadas a cabo según los principios de la buena gobernanza.

El desempeño de China en el BTI 2006-2026 evidencia que los procesos de transformación que el índice busca evaluar casi no tuvieron lugar en el gigante asiático. Tanto la transformación política (+0.13) como la transformación económica (+0.35) y el índice de gobernanza (+0.14) solo demuestran incrementos marginales a lo largo del análisis. En este sentido, todas las ediciones del BTI concluyeron que China se puede categorizar como autocracia de línea dura, con una limitada economía de mercado y niveles moderados en la calidad de gobernanza. A continuación, se analizarán estos resultados que abarcan un período de evaluación total del BTI del 1 de febrero de 2003 hasta el 31 de enero de 2025.

La transformación política

La transformación política hacia una democracia liberal no es un objetivo del Gobierno chino, dirigido por el Partido Comunista de China (PCCh). La última oportunidad real para una apertura política se dio con las manifestaciones estudiantiles en 1989, pero encontró su punto final en la represión brutal de las mismas, desembocando en la masacre de la Plaza de Tiananmén. En cambio, disidentes políticos que reclaman la democratización son encarcelados sistemáticamente y, bajo Xi Jinping, esta represión solo se ha reforzado. Un ejemplo de las magnitudes de esta represión lo representan los presos políticos en China. Según la información recopilada por la fundación Dui Hua, se documentan 7,157 casos de personas encarceladas por expresar su oposición al Gobierno, practicar una religión no autorizada por el régimen, pertenecer a una minoría étnica o “peticionar” contra expropiaciones, casos de corrupción o injusticias.

A estos se suman casi 2,000 prisioneros políticos en Hong Kong desde las manifestaciones masivas de 2019, según el Hong Kong Democracy Council.

La falta de democracia explica entonces las bajas puntuaciones que recibe China en la dimensión política del análisis del BTI. A nivel global -esto es, entre los 137 países analizados por el BTI-, China se mantuvo entre los 30 países peor puntuados en la dimensión política desde el BTI 2006, con una puntuación cercana a 3 puntos. Al echar un vistazo más detallado a los criterios que comprenden la dimensión política del BTI se vislumbra, además, que los resultados de China en la transformación política han sido continuamente elevados gracias al criterio “Estatalidad”: un criterio que evalúa la existencia y el funcionamiento básico del Estado-nación. Es decir, la puntuación recibida por China en los criterios de la calidad democrática (participación política, Estado de derecho, institucionalidad e integración política y social) promedia por debajo de 2 puntos en la mayoría de las ediciones del BTI.

Deteniéndose en estos criterios se destaca primeramente el criterio “Integración política y social” por ser el único que demuestra una clara tendencia ascendente. Este incremento se debe a las puntuaciones en el indicador “Capital social”, que subieron de 3 a 5 puntos, reconociendo los niveles de confianza interpersonal y organización social en la sociedad china. Por otro lado, retrocesos en la calificación de los indicadores “Elecciones libres y justas” y “Libertad de expresión” -ambos reciben la puntuación mínima en las últimas tres ediciones del BTI- explican la tendencia negativa en “Participación política”. Finalmente, las fluctuaciones de “Estado de derecho” reflejan dos tendencias contrapuestas en este criterio. Primero, mejoraron las puntuaciones en el indicador “Persecución del abuso de poder”, lo que se atribuye a la campaña anticorrupción llevada a cabo por Xi Jinping. A la vez, el BTI disminuyó su calificación de la garantía de los derechos civiles en China: el respectivo indicador bajó dos puntos desde el BTI 2006, llegando a la puntuación mínima (1 punto) a partir del BTI 2024.

Sin embargo, la campaña anticorrupción de Xi Jinping fue de la mano con sus maniobras para concentrar el poder en funcionarios leales a él, por lo cual el aporte para la transformación política puede considerarse limitado. Más bien, refleja el compromiso con mayores niveles de control central sobre la burocracia estatal. Esta concentración de poder se cimentó además en el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China en 2022, cuando los funcionarios de otras facciones fueron reemplazados en el Comité Permanente del Politburó, que dejó a Xi el control total del PCCh. La consiguiente falta de pesos y contrapesos y pluralismo en el sistema político chino, por último, queda evidente en los demás indicadores y criterios que repetidamente reciben la peor puntuación en el BTI: “separación de poderes”, “estabilidad de instituciones democráticas” y “sistema de partidos políticos”.

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