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Dulce o truco

  • 30 octubre 2022 /

Muchas personas festejarán Halloween o día de brujas en esta fecha, una celebración que no corresponde a nuestra cultura, pero que ha adquirido mayor popularidad con el correr de los años.

La celebración es controversial, por la oscuridad que le rodea, en la que los límites entre lo banal y lo grotesco, la comicidad y el miedo se vuelven difusos.

Ya sea por motivos religiosos o por aculturación, esta fiesta provoca opiniones diversas.

Lo cierto es que, más allá de la fiesta anual, algo que nos debería causar más preocupación es cómo en la vida cotidiana nos vamos acostumbrando a utilizar máscaras y actuar detrás de ellas.

En la vida personal cada quien sabe qué papel desempeña y cómo va por la vida pretendiendo engañar a otros, cuando el fiasco más grande lo hace a sí mismo. Pero en la vida pública, la situación es distinta.

El uso de máscaras es cada vez más afinado, a tal grado que ya no sabemos identificar con certeza quién está detrás. Ha dejado de ser un simple juego, para convertirse en una actividad realmente aterradora, que ha mermado poco a poco la confianza.

Es el tiempo de la desconfianza en el que debemos tratar de descubrir cuáles son las verdaderas motivaciones que están detrás de cada personaje de la vida pública. No es fácil saber qué se esconde con cada máscara y el deseo expresado de actuar por el pueblo.

El pueblo, por otra parte, también ha aprendido a disfrazarse y a aprovechar la fiesta, acomodándose a cómo se va desarrollando cada situación. ¿Dulce o truco? La pregunta también la vivimos a diario y ya ni siquiera nos asusta.

Debería darnos miedo, porque aquí los trucos no son bromas infantiles, sino temas serios tratados sin cuidado, que pueden dejar grandes problemas no solamente en el presente, sino para las futuras generaciones, muchas veces ajenas a todo lo que se cocina en el caldero de brujas y brujos, en este aquelarre permanente.

Somos espectadores, algunas veces invitados a la fiesta o por lo menos colados en ella, pero ya no nos asusta.

Halloween es la antesala del Día de Muertos, una fecha que sí es parte importante de nuestra cultura hondureña, que difiere de la manera mexicana de celebrar la vida después de la muerte. No hay altares, tampoco comida especial de temporada, pero sí nos identifica el respeto y recuerdo de los seres queridos que ya no están.

Que el día de muertos sea la ocasión para recordar a quienes hicieron vida en este país. ¿Qué pensarían de la Honduras de hoy?, ¿qué podemos hacer nosotros con lo que nos inculcaron?

Los esqueletos, las brujas, las máscaras “ensangrentadas” con pintura pueden ser muy desagradables. Y la realidad ¿también nos provoca desagrado? Ojalá que, así como nos inquieta Halloween, nos preocupe también el perverso juego cotidiano del engaño, tan dañino en el presente, como en el futuro de nuestra sociedad.

Que en el Día de Difuntos recordemos a nuestros antepasados y que eso nos ayude para mantener viva la sensibilidad y la congruencia.