19/05/2026
12:29 AM

Dos horas de reguetón

Jibsam Melgares

Unos meses antes de que iniciara la pandemia realicé un viaje de dos horas en bus interurbano desde una ciudad del interior hasta San Pedro Sula. A lo largo de mi travesía, mis oídos no escucharon más que un solo tipo de música: reguetón.

Debo aclarar que no tengo ninguna animadversión con ese género musical. Como cualquier otro, el reguetón tiene su espacio en los gustos musicales de las personas. Mi problema no es con el ritmo, sino con las letras. Hoy por hoy, el reguetón se ha convertido en uno de los medios privilegiados para promover la vulgaridad, el sexo fácil y la violencia. Durante el viaje noté que muchas personas conocían de memoria algunos de los temas musicales. Los canturreaban, constituyéndose así en una especie de coro informal. Con tristeza debo decir que entre esas personas había niños en un rango de edad de nueve a doce años.

Algunos pueden pensar que exponerse a canciones con letras de contenido inadecuado puede ser inofensivo, pero realmente no lo es.

“De la abundancia del corazón habla la boca”, decía Jesús. En otras palabras, aquello con lo que llenamos nuestra mente y nuestro espíritu tarde o temprano influirá en nuestra conducta y actitudes. ¿Y qué puede pasar si solo los alimentamos con comida chatarra? En 2004, el cineasta Morgan Spurlock presentó en un documental los efectos nocivos de los alimentos basura en su propio cuerpo luego de hacer las tres comidas diarias en un restaurante de comida rápida durante un mes.

Como era de esperar, su salud empeoró con esa dieta. De la misma manera, nuestra vida y la de las nuevas generaciones sufrirán si no cuidamos bien con qué alimentamos nuestra mente y nuestro espíritu. Por ejemplo, Honduras ocupa uno de los primeros lugares de Latinoamérica en embarazos de adolescentes. Y mi pregunta es, ¿cuánto incidirá en ello el que desde edades muy tempranas los niños y jóvenes estén siendo bombardeados todo el tiempo con contenido hipersexualizado en canciones, videos, películas y series? Es hora de tomar cartas en el asunto.