30/05/2024
01:43 PM

Desconcierto entre fieles

Aunque las fechas invitan a la paz, las tensiones no cesan, 15 estados de Estados Unidos han modificado su legislación para que no prescriban los delitos de abusos sexuales y eso ha hecho que haya cinco mil denuncias contra la Iglesia, lo cual podría suponer pagar indemnizaciones de hasta 4,000 millones de dólares, la bancarrota total. Mientras, en Italia se ha hecho público un informe que eleva hasta un millón el número de víctimas de abusos por sacerdotes, aunque la cifra es inverosímil, pues no se habrían podido ocultar tantos escándalos. La sola publicación de la misma hace crecer el desconcierto entre los fieles y aumentar el número de los que dejan la Iglesia.

En esta situación debemos preguntarnos si no estaremos siendo víctimas en lugar de ser culpables. Por desgracia, es verdad que ha habido sacerdotes abusadores y que no han sido pocos. Un solo caso ya sería trágico, pero han sido muchos más que uno. En Italia, por ejemplo, han sido acusados 298 y han sido condenados 144, pero de ahí hasta los cuatro mil de que habla una organización de víctimas hay un abismo, sobre todo si se tiene en cuenta que el número de los supuestamente afectados se eleva a un millón.

La pregunta imperativa, por lo tanto, no es qué pasa, sino por qué pasa lo que pasa, por qué existieron esos abusos y por qué se están agigantando las cifras para presentar a la Iglesia como la gran corruptora mundial.

A la primera cuestión respondió magistralmente el Papa emérito en la carta que intentó enviar, sin éxito, a los presidentes de las Conferencias Episcopales reunidos en Roma para analizar precisamente la crisis provocada por los abusos. La clave principal, no la única, está en el caos doctrinal y moral que precedió y siguió al Concilio Vaticano II. Pero si eso es pasado, la otra pregunta afecta al presente.