24/11/2025
06:28 PM

Derecho apodíctico

Debe la ley tener siempre una orientación social, es decir ir siempre dirigida intrínsecamente hacia un compromiso con los más desposeídos, con los débiles y los necesitados. Es posible mantener el equilibrio entre los intereses de los poderosos y esta orientación social de la ley que no debería perderse en ningún momento. El cristianismo cree que sí. Este reclama, si bien reconoce que no siempre la ley tendrá esa orientación social tan necesaria, que las leyes sean examinadas a la luz más que de los meros intereses humanos para pasar por un filtro más profundo, más elevado y más moral si se quiere llamar.

El cristianismo reconoce la existencia de metanormas como plataformas o esquemas bajo los cuales deberían examinarse las leyes y de las cuales deben recibir orientación para cumplir uno de los más grandes objetivos de la alianza y uno de los postulados del cristianismo: el compromiso social con los pobres. Estas metanormas exceden por mucho lo que podemos llamar un derecho casuístico, que es lo escrito y concreto, yendo más allá y convirtiendo las metanormas o derecho apodíctico en la esencia de un derecho ético y moral que debe estar presente siempre en la legislación.

Los profetas del Antiguo Testamento se hicieron eco de este derecho apodíctico y a partir de este derecho plantaron una crítica ácida, permanente y muchas veces virulenta hacia normas jurídicas que en la práctica se encontraban corrompidas y que ya no guardaban la esencia de estas metanormas, cuya infracción no está determinada concretamente, si no reservada al mismo Dios, quien se hace vigilante del cumplimiento de este derecho. No maltrates ni oprimas al extranjero, porque vosotros fuiste extranjeros en Egipto, no maltrates a la viuda y al huérfano, son algunas de estas metanormas que protegen aquellos que no tienen un defensor terrenal, pero cuya defensa asume el mismo Dios ante la ausencia de un derecho que los proteja y de un sistema que los ignora.

La importancia que reviste este derecho apodíctico para la nación israelita de la mano de los profetas críticos sociales como Isaías, Oseas, Amós y Miqueas se vuelve tal, que en determinado momento ubican estas metanormas en la cúspide de la pirámide de cumplimiento obligatorio para la nación israelita, llegando a tal extremo con su reclamo por su incumplimiento, que este derecho apodíctico se funde en una categoría de exigencia divina tan severa que, solo la adoración monoteísta al único Dios tiene la misma fuerza de exigencia para el pueblo judío. Tan real es la exigencia de este derecho hoy, porque la ley no siempre es justa y aún el derecho tenido como vigente o actual muchas veces sufre una corrupción interna tal y una desfiguración de su verdadero espíritu que lo que queda no es más que un montón de normas escritas fácilmente manipulables para cometer toda clase de injusticias en nombre de la misma justicia.

También el derecho apodíctico le revela al hombre la susceptibilidad del cambio de las leyes humanas, le revela que la ley de los hombres siempre estará sujeta a una revisión que va más allá de la letra y sometida a una revisión del espíritu de la ley que debería en algún momento o siempre coincidir con aquellas grandes normas que provienen del derecho apodíctico.