10/01/2026
02:13 PM

Delirio de posesión

  • Actualizado: 12 noviembre 2023 /
Emy James

Porque eso es a final de cuentas, un delirio, una fantasía. No es cierto que seamos dueños de nada (estaba en lo cierto el Puma). Recuerdo lo que me dijo un famoso psicoterapeuta local cuando nos encontrábamos ambos en una feria de libro, me dijo que nada que se pueda perder, nos pertenece.

No se tiene un control real de nada ni de nadie más que de uno mismo y a veces es precisamente en nosotros mismos en quien menos nos enfocamos, no nos ocupamos mucho de trabajar en tantas cosas que necesitan nuestra atención y que nos tienen mal.

Entonces, no nos ocupamos de la persona que somos, pero sí nos desvivimos por intentar controlar la vida de los otros, y por los otros me refiero específicamente a la persona que hemos elegido para ser nuestra pareja.

Los problemas y sinsabores que nos vamos a encontrar al tomar la actitud de dueño del otro son tantos que no cabrían en este espacio así que nos limitaremos a tres, comenzando con el daño que nos hacemos a nosotros mismos cuando insistimos en la posesividad; en primer lugar no disfrutamos de la relación con esa persona porque estamos temerosos todo el tiempo de que deje de querernos y se vaya, entonces el mismo miedo nos hace actuar casi que como detectives, buscando pistas en cualquier cosa, señales por todos lados. No convertimos en perseguidores, el otro en perseguido y aquí ninguno de los dos se la está pasando bien, pero, además, se está matando al amor.

Jean Paul Sartre, quien tuvo una relación de lo más plena y placentera con su amada Simone de Beauvoir, lo ve así: “Aquel que quiere ser amado debe querer la libertad del otro, porque de ella emerge el amor, si lo someto se vuelve objeto y de un objeto no puedo recibir amor”.

El perseguido ya no se siente a gusto, se ve obligado a mentir, como en la canción de Arjona, hasta por cosas en las que no necesitaría hacerlo y comienza a fantasear, a desear ansiosamente ... escapar.

Antoine de Saint-Exupéry lo escribió en “Ciudadela” a principios del siglo XX: “No confundas el amor con el delirio de posesión que causa los peores sufrimientos porque al contrario de lo que suele pensarse, el amor no hace sufrir.

Lo que hace sufrir es el instinto de la propiedad, que es lo contrario del amor”.Otro problema y todavía más serio es el peligro que se corre al seguirle el juego a alguien que está convencido de ser nuestro propietario. Y es que solo en 2021 unas 40,000 mujeres murieron a manos de su pareja en todo el mundo y sabe cuál fue el país latinoamericano con la tasa más alta de feminicidios en ese mismo año? Sí, Honduras.

Y las mujeres que han asesinado a sus parejas por las mismas razones son tantas y tantas y he quedado tan impresionada con esas historias que estoy pensando seriamente en escribir un libro al respecto.

Me parece que es importante. Así como sería importante entender que una cosa es (al enamorarnos) intentar tener la atención del otro, su tiempo, su amor y otra cosa es intentar adueñarnos de su vida. Bien lo decía el escritor argentino José Sbarra: “Elegimos el ejemplar más exótico, nos enamoramos de su libertad y empezamos a construirle una jaula”.