Hay colegios profesionales de docentes, médicos, ingenieros en varias ramas, abogados, pedagogos, en fin. Todas estas instituciones gremiales están conformadas por hombres y mujeres y por ser incluyente el género masculino no hay necesidad de decir colegios de profesores y profesoras, médicos y médicas, abogados y abogadas. Pero algunas veces los redactores se encuentran en problemas de exclusión de género cuando se les presentan expresiones como “La Asociación Nacional de Enfermeras Auxiliares de Honduras (Aneah)”, organización gremial en la cual quizá también haya enfermeros, los que se sentirán no muy felices de que no se les tome en cuenta en el nombre de la entidad profesional. Otros pensarán que en esa asociación no hay cabida para hombres profesionales de la enfermería. Lo ideal habría sido “La Asociación Nacional de Enfermeros Auxiliares de Honduras (Aneha)”, pues el masculino es incluyente porque implica a ambos géneros en un colectivo por pequeño o grande que sea.
“Los vendedores informales han invadido los centros urbanos de gran parte de las ciudades de Latinoamérica”. Informal es algo que no tiene seriedad en el protocolo: ropa informal. También es la persona que no respeta las normas ni cumple sus compromisos: “Por informal en el desempeño de su trabajo despidieron a Luis”. Si se analiza detenidamente a los vendedores de la calle, se sabrá que son personas que conforman una economía en la que se genera empleos, manejan capitales en diferentes cantidades, adquieren compromisos bancarios. Nada de informal se le ve a esto; aunque sí se observa desorden. Peyorativamente se les dice vendedores informales acaso porque no tienen locales fijos con la infraestructura respectiva e invaden las calles, lo que por lo general no es gratis porque siempre habrá un funcionario que se presta a “legalizar” tal actividad comercial. En Perú nació la pieza “vendedor informal” a estas personas que en verdad son vendedores ambulantes porque en cualquier momento son movidos de sus sitios, no así los comerciantes convencionales que tienen sus locales ya establecidos. En conclusión, hay comerciantes ambulantes, pero no informales.
Hablando de sinónimos, los servicios meteorológicos anuncian “precipitaciones en el transcurso de la tarde”. Precipitación es precipitar y este verbo significa despeñar, arrojar o derribar de un lugar alto: “El bus se precipitó al abismo”. Pero en el lenguaje meteorológico tiene un concepto más figurado: agua procedente de la atmósfera, y que en forma sólida o líquida se deposita sobre la superficie de la tierra. Pero fuera de este contexto, esta palabra pierde tal idea; no estaría bien decir que “me cayó una gran precipitación” o que “el agua de precipitación no es saludable”.
“Los estudiantes que este año se matricularon en las normales saben que estos tres años son de transición y que ellos deben continuar después porque se aspira que en estos dos años se tenga la autorización, los profesores formados y la currícula terminada y que de tercero pasen a cuarto hasta séptimo año”, dijo el ministro de Educación. Muchos se preguntarán por qué ese culto funcionario estatal no mencionó “currículum” o “currículo” y se refirió a “currícula”. Acaso lo hizo por desconocer que “currícula” en latín (no en español) es el plural de currículum: “La currícula iría adecuada a las diferentes carreras universitarias, por la diversidad de contenidos”. El uso continuo de currícula con el mismo sentido de currículum ha dado lugar a que por desconocimiento en general se consideren sinónimos; pero no es así. O se dice currículum o currículo, sus plurales en español son currículums o corrículos.
