12/01/2026
06:56 AM

Cruces en las carreteras

Renán Martínez

La palabra cruces tiene dos acepciones: es el plural de cruz, el símbolo del cristianismo y el plural del punto en donde convergen dos vías o sea cruce. La diferencia es que uno de los vocablos es femenino y el otro masculino, pero ambos pueden relacionarse con los accidentes mortales que siembran de tantas cruces las carreteras y pueden producirse tanto en una curva como en uno de esos fatídicos cruces.

Es costumbre en nuestro país que la gente haga un ritual en el sitio en donde se produjo un accidente de tráfico vial, con el fin de “levantar el espíritu” de la persona o las personas que allí fallecieron, y que sus almas no vaguen penando por siempre. En esa ceremonia parientes y amigos del difunto o de los difuntos rezan de espaldas a la muerte, en dirección a la iglesia más cercana. Luego yerguen una o más cruces en el sitio, según sea el número de muertos.

En relación con esos espíritus que no han sido levantados del sitio de muerte, camioneros y conductores de rastras cuentan que se les aparecen como personas vivas, cuando manejan de noche por carreteras fantasmales.

La cuesta de la Virgen que baja serpenteando al valle de Comayagua, en dirección hacia el sur, es uno de los tramos carreteros en donde más accidentes se producen.

Aunque las autoridades de tránsito indican que en estos percances se conjugan la imprudencia y el alcohol, los rastreros los atribuyen a eventos paranormales como el aparecimiento de una bella mujer que les pide aventón. Luego que el conductor accede a subir a la dama esta permanece unos minutos a su lado y luego desaparece. Es entonces cuando entran en un estado de psicosis que los hace perder el control.

Otra de estas historias es la de un sacerdote que se mató en su carro, hace algunos años, en una curva de la vieja carretera que conduce de San Pedro Sula hacia Choloma. Meses después de aquel accidente muchos conductores aseguraban haber visto, entre las penumbras de la noche, a un hombre con sotana pidiendo ayuda a la orilla de la pavimentada. De allí que el lugar haya sido bautizado con el nombre de la Vuelta del Cura.

Las causas principales de los accidentes son de todos conocidas, pero algunos las ignoran al momento de ponerse frente al volante y arriesgan sus vidas y las de sus acompañantes que, en ciertos casos, son personas sobrias.

Previendo esto es imperativo que usted no acepte la invitación de un amigo alcoholizado que ofrece transportarlo en su carro, por mucha confianza que le tenga. Es posible que ni siquiera lo convenza de que deje el timón y el acelerador porque su mente obnubilada no le permitirá razonar en que puede llegar a tener su propia cruz en una carretera.