Colisión inminente

A veces podemos creer que, por nuestra experiencia, conocimiento o poder, los demás, e incluso las circunstancias, deben ajustarse a nosotros.

  • Actualizado: 21 de agosto de 2026 a las 14:20 -

En la oscuridad más profunda de la noche, un capitán de un buque de guerra navegaba entre aguas cubiertas de una espesa neblina. Con la mirada fija y los sentidos alerta, escrutaba aquella inmensa oscuridad en busca de cualquier peligro que pudiera aparecer de repente. De pronto, su peor temor se hizo realidad: una pequeña luz apareció justo al frente. A juzgar por su posición, parecía tratarse de otra embarcación que se dirigía directamente hacia ellos, con riesgo inminente de colisión.

El capitán tomó el radio y transmitió con firmeza: “Aquí habla el capitán Smith. Para evitar una colisión, altere su rumbo diez grados hacia el sur. Cambio”. Para sorpresa del capitán, la luz permaneció exactamente en el mismo lugar. Segundos después, llegó una respuesta: “Capitán Smith, aquí el soldado Johnson. Le solicito que altere su rumbo diez grados hacia el norte. Cambio”.

El capitán, desconcertado por aquella respuesta y molesto por la aparente falta de obediencia, replicó con mayor autoridad: “Soldado Johnson, aquí el capitán Smith. Le ordeno inmediatamente que cambie su rumbo diez grados hacia el sur. Cambio”. La luz seguía sin moverse. “Con todo respeto, capitán Smith”, respondió nuevamente el soldado, “le pido que cambie su rumbo diez grados hacia el norte. Cambio”.

El enojo del capitán aumentó. No podía comprender cómo aquel marinero se atrevía a desafiar sus órdenes mientras ponía en peligro la vida de toda la tripulación. Entonces, con voz firme y amenazante, transmitió: “Soldado Johnson, ¡podría someterlo a una corte marcial por insubordinación! Por última vez, y bajo la autoridad que poseo, le ordeno que altere su rumbo diez grados hacia el sur. ¡Soy un buque de guerra por Dios santo!”. Después de unos segundos de silencio, llegó la última transmisión del soldado, que con todo desesperado dijo: “Capitán Smith, señor. Con todo respeto, le pido nuevamente que cambie su rumbo diez grados hacia el norte. ¡Soy un faro!”.

A veces podemos creer que, por nuestra experiencia, conocimiento o poder, los demás, e incluso las circunstancias, deben ajustarse a nosotros. Esta historia nos recuerda, por el contrario, que no todo obstáculo está obligado a apartarse de nuestro camino. Existirán momentos en los que insistir en cambiar las situaciones puede ser peligroso. Pensemos bien antes de actuar.

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