El país requiere de cambios urgentes, los ciudadanos requerimos de cambios urgentes, todos ocupamos de cambios urgentes. Las políticas públicas se ejecutan de manera endeble, sin dirección y sin visión clara de lo que el país requiere y demanda.
Parece que estamos en una crisis permanente, que el crisol de la prueba no se enfría, al contrario, sube la temperatura quemando todo intento de desarrollo y fructificación. Es lamentable que el Estado no puede enfocarse en visión y plan estratégico por ocupar su agenda mediata e inmediata en ser apagafuegos perenne de las llamas que se acrecientan.
Para ello es menester que primero se acepte la realidad mediante un diagnóstico serio y objetivo, nada de maquillaje, nada de justificaciones baratas, nada de seguir culpando al pasado viendo por el retrovisor, no hay que continuar llorando sobre el lácteo esparcido. El ciudadano ya se cansó de la canción de dolor y de señalamiento al Gobierno anterior.
Hace mucho fue el tiempo de tomar las riendas con gallardía y enfocarse en el presente y en el futuro, es tiempo de ejecutar las políticas públicas con eficacia y eficiencia para que la productividad gubernamental ya no sea una entelequia que se esfuma en lo doméstico y superficial.
El ciudadano también tiene la ineludible responsabilidad de asumir un rol cívico y así dejar de defender lo indefendible, es tiempo que se quite la máscara del partidismo recalcitrante y se ponga la bandera cinco estrellas para aportar de manera significativa al desarrollo de este país. La polarización ideológica no trae nada bueno en este panorama.
El cambio es lo único permanente, si así no se hace el país entrará en un espiral sin retorno que lo llevará a un mundo decadente y que ya no existe, la obsolescencia entrará a la nación como guerrero armado despojando al país de toda herramienta de avance. No permitamos que tal situación se agrave y que llegue el punto de no retorno, el tiempo es ahora.