09/01/2026
02:43 PM

Buenos días, alegría

  • Actualizado: 05 noviembre 2023 /
Emy James

Es típico de que cuando nos estamos sintiendo alegres por un prolongado espacio de tiempo y hablo de un par de días quizás, empezamos a sospechar, comenzamos a temer que algo malo vaya a pasar.

Esto sucede cuando ya nos hemos acostumbrado al caos, a estar intranquilos, preocupados y disgustados la mayor parte del tiempo.

Entonces claro, cuando nuestras neuronas comienzan a segregar dopamina por doquier, nos encontramos sonriendo sin causa aparente y sintiendo que amamos al mundo, entramos en desconfianza ahuyentando sin darnos cuenta la sensación de bienestar.

El conferencista y escritor mexicano Carlos Cuauhtémoc Sánchez nos dice que a veces somos como las ranas, que para cocerlas se ponen en un caldero de agua fresca en la estufa, se va subiendo la temperatura poco a poco y ellas nunca se enteran de lo que sucedió.

El autor nos dice que eso mismo nos pasa a las personas cuando nos acostumbramos a vivir mal, no nos damos cuenta de lo que nos está sucediendo porque todo lo dañino se convierte en algo habitual en nuestra vida. Y de ahí que no confiemos del todo en nuestros eventuales sentimientos de regocijo.

Y es que hasta en las películas lo vemos, cuando el protagonista se está sintiendo más feliz que nunca y cantando victoria...¡zaz! Algo malo sucede, el malvado aparece de la nada para echar a perder su dicha.

Y bueno, la verdad es que los bajones de ánimo son desagradables, no quisiéramos que pasara jamás ese estado de euforia que se instala en nosotros de vez en cuando. Pero pasará. Y así debe suceder porque la alegría como buena emoción que es, dura poco.

Tal vez lo que toque hacer es simplemente disfrutarla mientras dure. Así como se nos recomienda “abrazar” esos lapsos de tristeza que se nos presentan y dejar que pasen solos, igualmente abracemos esos momentos de contento que son totalmente normales, cuando se dan esporádicamente.

Porque ya sabemos que la tristeza prolongada puede convertirse en depresión y aquí habrá que poner cuidado.

Volviendo a la sensación benigna, si usted nota que se está volviendo cada vez más frecuente, que a pesar de los desafíos que está enfrentando, la mayor parte del tiempo se siente tranquilo, podría estar sucediendo que todos sus esfuerzos por estar bien estén comenzando a dar frutos y a esto sí que sería bueno acostumbrarse y defenderlo a capa y espada.

En una entrevista ofrecida recientemente, la escritora chilena Isabel Allende hablaba de que apenas ahora con 80 años (por cierto, que ella se ve muy bien para tener esa edad), se ha dado cuenta de lo importante de la cordialidad para alcanzar la plenitud, por ejemplo, y no es que no lo supiera con anterioridad, es solo que no había entendido la magnitud de esto. Basta con ponerlo nosotros mismos a prueba: comencemos desde mañana digamos, a tratar mejor a las personas de nuestro alrededor, a hablarles con amabilidad y tratarlas con consideración.

Luego asegurémonos de no permitir que nadie (sin excepción) nos hable golpeado o nos trate mal, pongamos un poco de distancia entre nosotros y aquellos que irremediablemente nos roban la paz y notaremos que muy pronto la felicidad estará tocando a nuestra puerta y como ya sabremos el por qué, la saludaremos, la dejaremos pasar y la haremos sentir tan cómoda, que ya no querrá irse más.