El sistema de recolección y tratamiento de la basura en el Distrito Central –Tegucigalpa, Comayagüela y sus aldeas- es un fracaso total. Lo es desde hace mucho, en otras palabras, casi todos los alcaldes pasaron por el puesto sin que intentaran solucionar este que es un problema grave para la imagen de la capital en contra del turismo y porque afecta la salud de quienes habitamos este conglomerado que se hace llamar ciudad.

Como la capital se encuentra situada en un hoyo, Marcel D’Ans, el francés que escribió sobre Honduras, observó que los capitalinos acomodados se han ido a vivir en las alturas que rodean a la urbe porque en el centro se acumulan los gases de las eyecciones de los perros callejeros y de los de casa que sacan a hacer sus necesidades en las calles sin asumir la obligación de llevar una pala y una bolsa para depositarlas adecuadamente.

El aire que se respira en el centro de la capital es un aire irrespirable en el que se confunden el hedor de las heces de los canes, el que emanan las heces de humanos que defecan y se orinan en plena calle, la pestilencia de los tubos del drenaje sanitario cuyas aguas discurren por las calles de la ciudad y los gases que desprenden las bolsas de la basura que depositan los capitalinos para que sean recogidas por el tren de aseo y que antes de eso son rotas por los pepenadores que no solo rescatan lo que buscan, sino que esparcen el resto en la calle.

El sistema de recolección de la basura es un mecanismo de corrupción mediante la adjudicación de contratos leoninos que no cumplen con las necesidades de mantener limpia la capital. En varias ocasiones he visto a unos carros tirando un contenedor repleto de basura y que va esparciéndola por la calle.

A esto contribuye la desfachatez de los peatones y pasajeros que tiran la basura en la calle, mientras caminan o desde las ventanillas de los automóviles o de los edificios.

En la salida a Valle de Ángeles, cerca del desvío a El Sitio, hay un desparramadero que afea; lo mismo pasa en la salida a Danlí y en muchos otros sitios de la capital.

La municipalidad debería hacer que los vecinos presenten sus bolsas con basura clasificada e instalar una usina destinada a reciclar los desechos. Ahora, con la alta carestía de fertilizantes deberíamos volver al uso de la nica y recoger los orines para poder abonar las plantas de las medianas o de los jardines.

Los vendedores deberían mantener limpios los sitios en donde venden, las paradas de buses y los puntos de taxis. Pareciera que disfrutan vivir entre la inmundicia. La alcaldía debe multar a los vendedores informales, si su sitio está lleno de basura.

El alcalde Aldana está obligado a sentarse con un equipo técnico para poner un alto definitivo al actual sistema de recolección y manejo de la basura y buscar una propuesta destinada a hacer de la capital una ciudad limpia y con una atmósfera respirable sin amenazas sanitarias. Para eso, debe pensar en la ciudad que lo eligió como su conductor y no en las próximas elecciones, porque la solución de este problema capital requiere de mano dura para que los ciudadanos entiendan que mantener limpia la ciudad es una tarea de todos, porque eso es bueno para la salud y el turismo.

Eso significa: cero perros callejeros, nada de pepenadores, contenedores que permitan echar la basura, pero no sacarla (la UNAH debería diseñarlos), contenedores pequeños en las calles, con una llave común; multa a los peatones, vecinos y pasajeros que tiren basura, en calles, plazas y mercados con una situación sanitaria deplorable. En Bilbao fui a un mercado en donde concurren para comprar y disfrutar deliciosos platillos. Un colector de buen diámetro para las aguas negras de la capital evitará llevarlas al río Grande o a otros ríos y quebradas para verterlas en el río o utilizarlas para el riego de los jardines municipales, una vez tratadas. Saneado el río podría albergar un malecón para el disfrute de todos. Managua ha saneado su lago.

Señor alcalde, ahora usted, que viene con ideas nuevas, háganos disfrutar de una ciudad limpia y libre de malos olores.

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