La expansión y densificación de las ciudades se espera continuará las próximas décadas. Aunque el crecimiento demográfico natural está bajando (1.7% en el 2019), todavía tenemos una migración interna de rural a urbana sustancial pendiente. Esta se proyecta en base a que la tasa de urbanización actual es de un 54% (fuente: INE) y la media latinoamericana de un 80%, la que iremos alcanzando a un paso moderado.

Un segundo componente es la mayor expectativa de privacidad y desarrollo de la infraestructura de vivienda urbana. No solo tendremos más viviendas producto de tener más habitantes, sino que la cantidad de habitantes por vivienda va en disminución. Para el 2017 (última Encuesta de Vivienda INE disponible) teníamos 4.3 habitantes por vivienda, con una tendencia a la baja. Por tanto, la densidad de viviendas urbanas aumentará las próximas décadas más allá del efecto esperado de la población.

Esto hace urgente y necesario tener en cuenta el cuidar y expandir el acceso a espacios públicos (incluyendo los verdes), ya que una mayor densidad de construcción por su naturaleza tiende a reducirlos justo cuando la necesidad de los mismos va en aumento. La solución es cuidar que el progreso sea responsable y amigable a las personas. Exigir acción de las autoridades es importante, pero solo parte de la solución.

Una deficiencia básica es la de áreas públicas en desarrollo particulares. Esto comprende tanto las que son accesibles a todas las personas (aplica en desarrollos de oficinas o comerciales) y las que son accesibles a la comunidad de residentes (en vivienda). Esto incluye las denominadas áreas verdes en las zonas residenciales, pero incluye además todos los espacios que no sean de uso privado original en cualquier edificación.