El recién pasado sábado 17 de septiembre del año 2022 se celebró el Día del Maestro en el país, desde el año 1923 en honor al fundador de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), el padre José Trinidad Reyes Sevilla.

Esta fecha conmemorativa es para todos los hombres y mujeres que se dedican a este apostolado en cualquier nivel de la enseñanza y aprendizaje del “pan del saber”, sean públicas o privadas.

A través del recorrer del tiempo de casi un siglo de esta emblemática celebración, cuántos maestros y maestras se nos reflejan en la mente, desde el profesor o profesora del primer paso escolar con la repetición de las cinco vocales y las recordadas tablas desde la del uno hasta la del 10, que eran las tareas más frecuentes.

Apóstoles de la educación de esos recordados años, donde la escuela de verdad era el segundo hogar, pues el horario era de mañana y tarde, y los docentes eran nuestros segundos padres, que dentro de la disciplina nos daban una cantidad adecuada de amor, cariño, respeto y abundante rigor.

Ya cuando somos colegiales cambia el ambiente, pues dejamos nuestra niñez en las aulas escolares y como estudiantes nuestra conducta y nuestra percepción de los docentes es diferente, pues desapareció la imagen de nuestros padres, y los profesores que impartían las clases de matemáticas, físicas y letras eran los menos simpáticos.

Llegamos a las universidades estatales o privadas y vemos a los docentes como amigos o compañeros, debido a que las etapas anteriores nos hicieron madurar y dejamos de andar pintando en los pupitres corazones mal dibujados con verbos mal conjugados o escribiendo un “chepe” para recordar.

El maestro o maestra siempre ocupa un lugar en nuestros sentimientos y pensamientos en un país llamado Honduras.