Las teorías de la conspiración son el armazón narrativo con el que se pretende entorpecer la implantación de políticas medioambientales y atacar a expertos y activistas, una evolución del negacionismo climático que trata de hacer frente al amplio consenso científico sobre el calentamiento global.
La proliferación de narrativas falsas sobre el cambio climático ha puesto en alerta a diversas organizaciones que advierten de una tendencia al alza en la difusión de este tipo contenidos a las puertas de que tenga lugar la cumbre.
Ya el año pasado, en la COP 27, las teorías de conspiración “eclipsaron la popularidad y el alcance de cualquier narrativa”, según expone un informe de Acción Climática en contra de la Desinformación (CAAD, por sus siglas en inglés), una alianza de 50 organizaciones para combatir este tipo de falsedades.
Asimismo, un estudio de la Universidad Carnegie Mellon, de EE. UU., también encontró, con un análisis de 38.000 tuits, que los negacionistas del cambio climático comparten “abrumadoramente” publicaciones relacionadas con teorías conspirativas.
Con una búsqueda de etiquetas como #ClimateChange o #ActOnClimate, comprobaron que las teorías más populares fueron sobre la geoingeniería y las estelas químicas o “chemtrails”.Por su parte, Edder Díaz Martínez, portavoz de la organización ecologista estadounidense GreenLatinos, explica a EFE que muchas de las cuentas que promovían teorías de la conspiración sobre la vacuna de la covid-19 emigraron al negacionismo climático.
Las investigaciones de GreenLatinos sobre la desinformación contra las energías renovables en las comunidades hispanohablantes de Estados Unidos muestran que la mayoría de cuentas que esparcieron este tipo de falsedades en los primeros seis meses de 2023 estaban radicadas en España y eran “mayoritariamente de tendencia derechista”.
El abrumador consenso científico que existe en torno a la existencia del cambio climático y sus consecuencias hace inevitable que los negacionistas terminen refugiándose en las teorías de la conspiración, considera John Cook, investigador de desinformación medioambiental en la Universidad de Monash (Australia).
“Una vez que empiezas a adentrarte en la madriguera del pensamiento conspirativo adoptas esa mentalidad de desconfianza hacia los datos y las instituciones científicos”, agrega.
A ello se suma, según Cook, un cambio de paradigma en el negacionismo. Si durante años las falsedades se centraron en negar la existencia del cambio climático o su relación con la actividad humana, parte de ese argumentario ha virado hacia el boicoteo de posibles soluciones, como las energías renovables.
“El objetivo de la desinformación climática es, en última instancia, retrasar la acción climática”, argumenta Cook antes de señalar que esa estrategia pasa por desacreditar y reducir la confianza en la ciencia, así como criticar a científicos y activistas medioambientales.