En las letras de su canción “Amused to Death”, ( divertidos hasta la muerte), el célebre integrante de la banda de rock Pink Floyd, Roger Waters, narra la hipotética historia del motivo que llevó a esta civilización a la extinción.

Lanzada en 1992 hizo alusión sobre una sociedad cada vez más esclavizada y obsesionada por el entretenimiento, en sus pantallas de tv en aquella época. “Con los ojos pegados a las pantallas los dilemas e injusticias del mundo real pueden apartarse fácilmente de la vista”. En la actualidad esa situación es peor. Con la gran cantidad de distracciones disponibles a toda hora, en cualquier lugar por cortesía de tablets, smartphones y portátiles. En la búsqueda de la diversión somos capaces de todo sin medir consecuencias.

Y aún así nos preguntamos por qué el estado actual de las cosas en el planeta. Nos parece inverosímil que exista tanto caos y disfunción en la sociedad.

Hemos vivido haciendo lo que nos place, hemos ido contra las leyes naturales, hemos perdido toda espiritualidad y desterramos los valores morales de nuestras conciencias. Y así nos preguntamos, ¿por qué?

A nivel personal fallamos, como padres de familia fallamos, como sociedad fallamos, como líderes fallamos. Hipócritamente somos duros para juzgar a los demás, pero nos permitimos las mismas faltas en nosotros.

Estamos permitiendo todo lo que nos destruirá como sociedad. Con la inclusión, tan de moda, no se trata de cerrar los ojos y de quedar bien con todos. No es un cheque en blanco al portador.

Deben existir límites al desempeño de la condición humana. De seguir así las nuevas generaciones “morirán de tanta diversión”, interpretando esto como un estado de hedonismo sin límites, permitido como un derecho humano.

La sociedad de consumo, la era tecnológica y la decadencia moral son el sustrato ideal para esta nueva normalidad que nos llevará al desastre. En este ambiente todos van contra todos persiguiendo no ideales sino gratificación personal. No importa cómo o contra quien, el objetivo es tener más experiencias para llenar satisfacciones personales. Cada quien defendiendo su malinterpretado derecho.

Demasiados derechos humanos. Tantos como gustos. Tantos que confrontan unos con otros. Tantos que unos han debilitado a otros.

Y así no podrá haber paz, ni armonía, ni respeto. La ansiada libertad de ser como queremos serlo, sin ataduras ni juicios, destruirá lo poco de civilizados que tenemos.

Volveremos a vivir en los árboles, nos comunicaremos por señas y gruñidos, y hasta es posible que nos vuelva a aparecer cola.