A buen entendedor...

  • Actualizado: 24 de agosto de 2026 a las 10:26 -

A buen entendedor, pocas palabras. Dichos, frases, refranes que contienen la sabiduría de los pueblos desde hace ya mucho tiempo, y decimos sabiduría porque, ciertamente, estas palabras reflejan el aprendizaje tras largas y arduas experiencias.

Solo habría que ponerles un poquito de atención: Por ejemplo, hemos entendido ya que, cuando alguien se especializa en algo, ya sea una profesión u oficio, lo hace con la intención de prestar sus servicios a otros y, de paso, tal vez, vivir de ello. Será un poco difícil, entonces, que alguien que se dedica de lunes a sábado a la construcción, reparación y mantenimiento de edificios tenga energía o ganas para dedicarse a eso mismo en su propia casa.

Si al llegar a una vidriera que se mantiene al tope atendiendo pedidos de clientes encontramos sus puertas de vidrio rotas, no tendríamos que sorprendernos. Líderes religiosos con problemas de descarríos en casa, psicoterapeutas con familias disfuncionales, hijos de profesores reprobados, agentes de bienes raíces sin bienes. Únicamente decimos que “en casa de herrero, cuchillo de palo”.

A veces vemos una gran oportunidad pasar de largo porque no estábamos preparados para ella, entonces nos sentimos como el famoso camarón durmiente. Pero cuando vemos esa misma oportunidad regresar a nosotros, confirmamos que “lo que es de Pedro, no se lo quita Juan”.

Otro que me encanta porque pienso en cómo la gente de antes no necesitaba que la ciencia comprobara que la actitud es clave para sobrellevar (o no) desafíos. Cuando decían que “al mal tiempo, buena cara”.Igualmente sabio es no aceptar compromisos que ya sabemos no vamos a cumplir a cabalidad. Y aquí entraría aquello de que “agua que no has de beber, déjala correr”. Y es que podríamos hacer un mal papel, como aquellos que se supone (y aparentan) deberían estar capacitados para el lugar que ocupan y resulta que no, y que es cierto lo que dicen, que “el hábito no hace al monje”.

O cuando nos la hemos vivido esperando de alguien algo que no tiene. Que es lo mismo que decir que nos hemos dedicado a “pedirle peras al olmo”. ¿Y qué tal cuando hacemos una mala compra y sentimos que nos han “dado gato por liebre”? O cuando nos la pasamos gritando a los cuatro vientos que no volveremos a caer en esto o en aquello, solo para terminar convenciéndonos de que “más rápido cae un hablador que un cojo”.

Pero una de las que me parece a mí que nos está costando más aprender y nos hace “tropezar de nuevo y con la misma piedra” es eso de andar haciendo planes a futuro sin tener nada seguro. Nos está costando aprender que “del plato a la boca, se cae la sopa”. Y que a veces hay que dejar que las cosas fluyan solas porque “no por mucho madrugar, amanece más temprano”.

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