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Miami puede ser el mejor vividero del mundo

Quedé con el corazón partido, como diría Alejandro Sanz, cuando supe que Miami había sido nombrada como la peor ciudad para vivir en Estados Unidos. Veinte años en la que llamo mi casa, en el corazón de la ciudad de Miami, en el sureste. Crecí y me formé en este rincón del planeta. La he dejado, pero siempre vuelvo a ella. Cubrí desde crimen, hasta entretenimiento y política en esta ciudad. La conozco como a una madre: sus problemas, afanes, desarrollos y más. De manera objetiva, y con todo y el amor que siento por esta tierra bonita, rodeada de agua, de riqueza y de pobreza, no pienso que sea la peor ciudad para vivir. (Al menos de frío no moriremos, aunque si no controlan los estragos del cambio climático podremos sobrevivir bajo el agua). Pero sí pienso que hay mucho que mejorar.

Una de las primeras historias que cubrí para la televisión en la Ciudad del Sol, a los veinte y tantos años, tuvo que ver con violadores sexuales convictos que vivían debajo del puente Julia Tuttle Causeway, ese que conecta la popular zona de Midtown con la playa. El departamento de Correcciones los dejaba ahí viviendo, porque no tenía donde ubicarlos. En Miami Dade hay una ley que no deja que criminales que hayan cometido crímenes de carácter sexual, llámese abuso o acoso, vivan cerca de escuelas. Vivieron ahí por años. Entré bajo el puente, sus cocinas empíricas, carpas y grupos de juegos adornaban un verdadero campamento de supervivencia para estos delincuentes.
Nadie sabía qué hacer con ellos, cómo reintegrarlos a la sociedad. Subrreal para la Miami que imaginan los que no son de aquí.

En otra oportunidad fui a Miami Beach con un grupo de niños de Liberty City, que nunca habían ido a la playa. Esta zona hasta el sol de hoy es de las más pobres y peligrosas de la ciudad. Algunos niños no habían ido porque no tenían cómo comprar zapatos. A pocas cuadras, se erigían rascacielos de millones de dólares en la época. Inexplicable. Si es cierto, la gran brecha que hay entre ricos y pobres en la ciudad de Miami cada vez es más profunda. Si el promedio para obtener una propiedad supera los 200,000 dólares y el salario no supera los 35,000 anual, es difícil que la gente viva dignamente. Pero Miami podría ser el mejor vividero del mundo. De eso no queda duda.

La inversión extranjera está dejando impuestos que deben ser implementados en la comunidad y para la comunidad. El magnífico desarrollo que vemos en la zona del centro, la rehabilitación parcial de Midtown, las lujosas tiendas del Design Distric, dejan impuestos por doquier, que, si bien el dinero viene de afuera, se queda en casa. Hoy día Miami no es una ciudad de inversión pasajera, la gente invierte, los asiáticos, americanos del norte, y latinoamericanos y europeos vienen para quedarse porque han encontrado el paraíso. No olvidemos las oportunidades que encuentran los inmigrantes, que, aunque en muchos casos desafortunadamente sufrimos, logran adquirir comodidades que no tenían en sus países, así sea un popular “transportation” (auto barato para movilizarse).

Sin duda, no es el sueño americano. Ese no existe. Hoy día ya ni prestan dinero, después de la crisis los bancos han apretado. Pero la ciudad no deja de ser cálida. Y no podemos dudar que las numerosas grúas de construcción dejan empleos, no solo en la misma construcción, sino en restaurantes, clubes, valet parking, y más.

Las cadenas hoteleras prefieren Miami como primera plaza. Y las empresas lentamente han vuelto. (pregúntale a alguien lo difícil que es abrir una corporación en cualquier rincón de Latinoamérica y Europa). Entonces, ¿dónde está el problema? Pienso que la alcaldía ha administrado bien el dinero, y que los comisionados tienen buena intención (al menos la mayoría), también siento que se puede hacer mucho más, porque la comunidad sí que va primero. Aceptemos la inversión, pero también aseguremos que los dólares que dejan sean bien invertidos.

*Periodista radicada en Miami, especialista en temas hispanos y de EUA