13/10/2026
09:52 PM

Estancados

Francisco Gómez Villela

“A pocos días de las elecciones generales, la sensación de vacío y mediocridad de las campañas políticas es impresionante. Los llamados a intentar mejorar nuestra situación se han desvinculado de los pilares que necesitamos como sociedad, para tener ejemplos. En este mundo violento de hoy, los candidatos no pueden ofrecer violencia en sus discursos, ya que la violencia es violencia en cualquiera de sus formas.

Tanto si tiras piedras en manifestaciones como si no tratas con respeto a tus adversarios políticos, el resultado es el mismo, violencia. Solo con vocear a un candidato opositor es violencia. Si intentas ser presidente del país, debes mostrar educación y respeto. Cuando voceas a quien no es cercano a ti lo haces porque, o bien ese es tu nivel cultural, o porque quieres demeritar su condición. El discurso político es irreverente. ¿Cómo podemos exigir respeto a nuestros jóvenes si como adultos no respetamos a nadie? El mensaje que se envía es de irrespetar a quien sea, usando incluso vocablos populares y palabras soeces. No puede ser posible. ¿Cómo darle el voto a una persona que utiliza su lenguaje y su actitud de una forma irrespetuosa con todos?” Fragmento de un artículo de opinión con el titulo “ Una campaña en deuda”, de mi autoría, publicado en este rotativo el 14 de noviembre 2017.

Cuatro años después estamos peor, la violencia verbal es la sustancia del discurso político. La gran pregunta es ¿por quién votaremos? Una oferta de candidatos que ofende por desmesurada, donde lo obvio es la ausencia angustiante de un genuino liderazgo. No generan esperanza sino preocupación. La política es el arte del Gobierno. La práctica de la participación ciudadana para distribuir y ejecutar el poder para garantizar el bien común. En este país no existe la política, lo que hay es lucha por el poder encarnizada y el país es la excusa para justificar toda clase de actos con el fin de obtenerlo y mantenerlo. Lord Acton bien lo describió como una máquina de corrupción. Quince candidatos presidenciales, inaudito! Es deber de nosotros los hondureños de a pie cambiar este desorden. Muchos dicen que es imposible porque se trata de todo un engranaje de corrupción invencible. ¿Y entonces qué, nos seguimos quejando o hacemos algo? Buenas personas deben incursionar en política. Firmes de carácter y fortaleza de convicciones, porque serán tentados. Comprometidos con el país y sus conciencias únicamente. La estrategia apara el futuro es hacer un semillero de buenos políticos. No existe un plan B.