El gobernador de Texas, Rick Perry, se unió ayer a la contienda republicana por la Presidencia durante una ceremonia en la que prometió reducir los impuestos y aligerar las reglamentaciones.
Perry anunció sus intenciones ante una multitud que colmó el encuentro conservador RedState en Carolina del Sur, un importante estado en la fase de las primarias. Su ingreso se produjo horas antes de que se difundan los resultados de un sondeo informal en Iowa, donde sus rivales se disputan el apoyo de activistas del partido. El nombre de Perry no estaba en la lista de precandidatos, pero podría sumarse posteriormente.
Poco antes del discurso, Perry lanzó un cibersitio de campaña y encabezó una conferencia telefónica con activistas del estado.
“Creo firmemente que voy a ganar”, les dijo Perry a los asistentes a la teleconferencia.
Mano dura
Perry usó su discurso para criticar al gobierno federal y en particular al presidente Barack Obama.
Acusó a Obama de falta de liderazgo y de tener una “fijación desenfrenada en sacar más dinero de los bolsillos” de los contribuyentes. Perry aseguró que uno de cada seis estadounidenses en edad laboral no puede encontrar trabajo de tiempo completo.
“Eso no es una recuperación. Eso es un desastre económico”, afirmó.