Rusia.

“Soy de Perm y acabo de cruzar la frontera de Kazajistán, porque la situación en Rusia empeora y nadie sabe qué pasará mañana”, afirma a Efe un joven ruso, quien, como muchos otros, ha optado por cruzar la frontera para no ser llamado a filas para combatir en la guerra del Kremlin contra Ucrania.

Astaná se ha visto inmersa en apenas días por una oleada de rusos que huyen del país, la segunda en lo que va de año, ante lo cual el Gobierno kazajo se ha visto obligado a tomar medidas.

La primera oleada fue a fines de febrero pasado, cuando Rusia inició la guerra en Ucrania.

OLEADA RUSA EN KAZAJISTÁN

Esta segunda oleada, compuesta por personas que escapan de la movilización parcial decretada por el presidente ruso, Vladímir Putin, el pasado día 21, ha resultado mayor que la primera y ha colmado ciudades como Astaná y Almaty.

No habían pasado ni 24 horas desde el llamamiento a filas en Rusia cuando se armaron largas colas de automóviles ante los puestos de control de la frontera entre Rusia y Kazajistán.

Según datos del Ministerio del Interior kazajo, en la última semana ingresaron al país 98.000 rusos, una cifra que según algunos expertos podría ser superior, ya que muchas personas utilizan Kazajistán como parada intermedia.

El politólogo kazajo Dosim Saptáyev afirma que muchos rusos huyen para no convertirse en “carne de cañón”.

HUIR DE LA SITUACIÓN EN RUSIA

“Vinimos varios amigos desde San Petersburgo. Somos cinco personas y decidimos viajar, ya que la situación comenzó a empeorar. Tardamos como 40 horas en llegar aquí”, dice a Efe un joven que se tapa el rostro con su bufanda.

No sabe todavía qué hará y asegura que decidirá de acuerdo a las circunstancias: “veremos cómo está la vivienda y nos orientaremos”.

“Mi padre es de Ucrania, mi abuela, tíos y hermanas son de allí, y la mitad de ellos tuvieron que irse. Allá hay movilización y en Rusia hay movilización”, explica, al preguntarse si “acaso es normal empuñar las armas contra sus familiares”.

IMPACTO EN KAZAJISTÁN

El mercado de los alquileres kazajo reaccionó inmediatamente con un incremento considerable de los precios, la mayoría jóvenes u hombres en edad de servicio, acompañados de sus parejas, esposas o niños.

Sin embargo, las leyes kazajas estipulan que para residir en el país y poder recibir transferencias bancarias, es necesario un número de identificación personal (INN), por lo cual las instituciones que ofrecen estos servicios se han visto abarrotadas.

Ante esta situación, las autoridades locales crearon nuevos Centros de Atención a la Población para poder atender a más clientes.

Los últimos días de septiembre llegaron con un considerable bajón de temperatura y trajeron la primera nieve a la capital kazaja, por lo que los nuevos centros fueron recibidos con beneplácito por los clientes, que ahora pueden esperar su turno confortablemente.

“Todo está súper, todo me gusta. Hoy vinimos a recoger los documentos y la organización de las colas es muy cómoda”, comenta a Efe un joven ruso.

Espera pasar un par de meses en Kazajistán, ya que “la situación es muy confusa”, pero más adelante, “veremos”.

Los que huyen de la movilización, impulsados además por el miedo de que Rusia cierre las fronteras, podrían enfrentar un futuro incierto cuando se les acabe el dinero y se queden en un limbo en el que no son considerados ni turistas ni refugiados, advierte Saptáyev.

“Para Rusia son desertores que pueden enfrentar casos penales, por lo que parte de ellos tratará de quedarse aquí ilegalmente, otra, pedir la residencia, y otra, viajar a otros países”, lo cual requerirá, en cualquier caso, de medidas de las autoridades.

EVITAR UN CABALLO DE TROYA

El ministro del Interior kazajo, Marat Ajmetánov, informó al presidente Kasim-Yomart Tokáyev de esta situación.

“Tras la reunión, el presidente dio una serie de órdenes dirigidas a fortalecer el orden público y la seguridad social en el país y llevar a cabo un control migratorio activo”, informó la Presidencia kazaja.

Eso implica un recrudecimiento necesario del control migratorio, ante todo para todos aquellos que pidan la residencia o la ciudadanía kazaja, alertó Satpáyev.

“Nuestra república necesita ciudadanos que estén listos a defender la independencia e integridad territorial del país ante cualquier amenaza, y no gente que pueda jugar el papel de caballo de Troya”, concluyó.