“Mi primer destino fue Chicago, residí 17 años y ahora llevo 16 en Houston; me vine como todos, por México, y no lo recomiendo a nadie.
Empecé lavando platos pero siempre tenía deseos de aprender a cocinar”, inició su relato Rafael en la terraza de uno de sus cinco restaurantes, Red Onion (Café la Cebolla Roja), nombre elegido en honor a su madre Leonor, que usaba la cebolla roja en sus comidas.
La vida no ha sido fácil para este hondureño que ha alcanzado el éxito donde pocos latinoamericanos tienen oportunidades, en especial los hondureños. “Me ha costado una vida, aquí he dejado toda mi juventud, es un trabajo muy demandante. Vivir en EUA significa sacrificio, entre uno de ellos perderme la boda de mi hermano y el funeral de mi abuela”, lamentaba “Rafa” mientras saboreaba una copa de vino tinto.
El ahora chef vivió en una cuartería en el barrio Medina, estudio en el colegio Franklin Roosevelt y en el Trinidad Reyes. Recuerda que su padre del mismo nombre pagaba 15 lempiras de alquiler. “Mi papá trabajaba en el Ferrocarril, era maquinista. Me eduqué bien porque viví con ellos hasta que cumplí 17 años. Pescaba en la laguna y salía a mar afuera con mi hermano. Qué tiempos aquellos, bañaba en calzoncillos en la laguna y me hacía mis clavados”, recordaba con nostalgia Rafa, quien ha recibido en sus restaurantes a artistas de la talla de Julio Iglesias.
De la costa norte a la tierra prometida
Su vida en Honduras era muy sana, de barrio como el mismo la recuerda. “Todo mundo te conocía, era una vida de puertas abiertas, una vida rica. Todo lo que recuerdo de Honduras era verde, bonito y sano. ”, anhela Rafael. Cuando llegó a Chicago, empezó a lavar platos en restaurantes y en algunos hoteles. Le pagaban 2.10 dólares la hora.
“Me vine de Chicago a Houston porque me pasó algo increíble, mi abuela, a quien tanto adoraba, a sus 75 años se vino mojada a EUA y me llamó cuando ya estaba en la frontera, me quede por acá y me casé con una judía, tres años duró ese matrimonio”, agrego el chef Rafael.
Lo que nunca olvida era su vida en la costa norte. Tercero de cinco hermanos, Rafa recuerda una familia muy pobre pero unida. “A los 10 años me di cuenta que mi papá era alcohólico y me daba una tristeza verlo tomando y era mal bebedor porque lo hacía todos los días, pero era muy responsable. Éramos muy pobres, pasaba navidades sin estrenos y cuando cumplí 14 años mi papá se regeneró y se dedicó a la familia, nunca recuerdo un maltrato de mi padre o mi madre, jamás”, comentó orgulloso de sus raíces.
Su éxito estaba en Houston, no en Chicago. Aunque lamenta que al llegar a EUA conoció una de las noticias más tristes de su vida: su madre murió en Chamelecón. En una de las ciudades más grandes, Rafael comenzó a desenvolver su pasión por la cocina. A esa época ya contaba con la residencia estadounidense. “Después vino la ciudadanía y recuerdo que me dolió mucho renunciar a ser hondureño, pero ése era mi destino”, compartía Rafael, quien abrió su primer restaurante en 1995 y medía 600 pies cuadrados de espacio. Lo que más vendía era comida para llevar a 3.55 dólares en 1995.
Aquel joven que tenía un taxi en Honduras al que llamó “Rafa”, fiel seguidor del equipo de fútbol Platense, ahora que es ciudadano estadounidense se siente discriminado en el gran país del norte, específicamente por la creación de la ley antiinmigrante en Arizona. “Yo fui inmigrante, indocumentado, me siento discriminado por lo que pasa en el estado vecino, no sé qué pasa y no quiero que nadie se sienta así. Aquí no es fácil, Houston es un mercado de latinos donde se tienen que tocar muchas puertas”, pronunció Rafael.
La herencia de su madre
A su madre Leonor le atribuye su éxito en la cocina el chef hondureño que es visitado por grandes celebridades como Clean Eastwood, Shirleck McClean y el sheriff del condado. “Todos mis platillos tienen nombres catrachos: el Churrasco Tegus, Chicken Choluteca y el Camarón Flor de Caña, entre otros. Amo a Honduras y la quiero mejor, sólo nos falta cultura”, opinó Rafael. En el interior del restaurante, cuando ni siquiera aparecía el atardecer, los clientes gozaban del karaoke. La mayoría no eran latinos.
Cuando tenía su restaurante de comida para llevar, Rafa ofreció sus servicios a la producción de una película que se rodaba en Houston.
No fue aceptado porque ya habían contratado al alguien. La suerte llegó: el contratado falló unos días y llamaron a Rafael para que prepara la comida para 35 personas. “Al que estaba antes le pagaban 8.95 dólares el plato, a mí me lo pagaron a 14. Les estuve llevando la comida por un año. La actriz principal de la película, Shirley McClean, me aconsejó un día: pon tu propio restaurante porque tu comida es deliciosa”, contó Rafael y le echó manos a la obra al proyecto.
En la construcción del primer Red Onion, Rafael invirtió 8,000 dólares. Él mismo lo diseñó. Ahora, su cadena de restaurantes está clasificada en Red Onion Lo Mejor, Red Onion Seafood y más (mariscos) y Red Onion Mexican Grill, los cinco ubicados en Houston.
Finamente decorados, los cinco restaurantes de Rafael son reconocidos como de los mejores en Houston. “Tengo una escuela de cocina y también una tienda de regalos donde vendo muchas artesanías de Honduras y Perú. Estoy entre los 30 líderes comunitarios de Texas, le he puesto alma a esto y tengo un récord limpio”, señaló Rafa mientras mostraba con orgullo una de sus últimas creaciones: Red Onion Seafood.
Los éxitos continúan
Un catracho exitoso en tierras lejanas, como Rafael Galindo, no deja pasar la oportunidad para recomendar en qué debe estar basado el cambio de Honduras. Primero señala que es necesario ocuparse de la educación, segundo, dejar de sentir lástima por lo que está pasando en otros países y tercero, explotar el turismo, ponerles atención a la seguridad y a la economía. “Hay que aprender a ver lo que te sirve y hay que aprender a dejar de quejarte y ya veremos que Honduras se convierte en una Honduras mejor. Yo veo mi país productivo como China, pero no lo queremos trabajar”, opinó.
Y es que según Rafael todo es cuestión de mentalidad. Los éxitos llegan en cualquier área y asegura que hasta vendiendo naranjas se pueden conseguir. “Si van a vender naranjas no lo hagas de 6 a 5, no tengas una carreta, ten 7 carretas y me contarán cuánto les deja cada carreta. Pensemos en grande, eso fue lo que hice, cuando les dije que iba a abrir un restaurante se rieron de mi, ahora ya tengo 5, ya no se ríen, ahora me respetan”, agregó.
Rafael se prepara para más éxitos, ya alista la grabación de su programa culinario “Latin fusions by Rafa” con la cadena Food Network y ABC. Prometió que de darse la negociación su primer grabación será en Travesía, Cortés. “Voy a ir a Honduras con mi programa a despertar el monstruo dormido del turismo. Realizar el “sueño americano” está como ganarse la lotería, les diré una cosa: esto no es para todos, el dinero no está tirado en el suelo, me siento apesarado pero quiero que la gente en Honduras entienda, que si van a pagar a un sinvergüenza “coyote” 8,000 dólares para llegar acá, piensen mejor en prestar 5,000 dólares al 10 por ciento y vivís mejor”, aconsejó antes de despedirse de LA PRENSA.