Pocas veces una colonia de emigrantes fue tan unánime. “Nuestra sensación ha sido de olvido y maltrato. Algunos se han sentido ignorados y abandonados a su suerte, incluso desde antes de la crisis”. Ofelia Mendoza, presidenta de la Asociación Guaymuras en Madrid, España, no tiene pelos en la lengua. Tampoco Jorge Irías, líder de los catrachos en Barcelona: “Nos sentimos dejados de la mano de Dios, nos han dejado sin pasaportes, sin documentos, sin certificados. Casi un año sin servicio consular”.
La expulsión del embajador hondureño, ordenada por Madrid tras posicionarse a favor del gobierno de Micheletti, dejó huérfanos a miles de catrachos durante casi un año, meses en los que se quedaron sin pasaporte, sin papeles para casarse, para empadronarse o para bautizarse.
Hasta que en mayo el equipo del diplomático Juan Alberto Lara Bueso se instaló en un piso cercano al Estadio Santiago Bernabéu y se puso manos a la obra.
Las situaciones que han sucedido desde entonces dan para escribir varias crónicas. “Una mujer vino a las cuatro de la tarde. Había otros esperando. Véngase, le dije, yo le tomo los datos”, rememora Melissa Kattán, que dirige a los funcionarios del Consulado.
“Cuando a las ocho se acabaron los trámites y se dirigió al salón de afuera, la escuché hablando por teléfono con su hija. Estaba llorando. Su papá, de 92 años, había fallecido y ella no pudo viajar a Honduras al no tener pasaporte”.
En la embajada calculan, de forma muy optimista, que en tres meses de trabajo se habrán puesto al día. La avalancha de los primeros días continúa. En una sola semana se atendieron a 400 personas, y las solicitudes por correo electrónico superan las 50 por día. “Nunca he visto a un hondureño emocionarse tanto con una llamada (desde la Embajada se les cita telefónicamente). Han sufrido tanto que por eso reaccionan con esa emoción y esa alegría”.
El esperpento llegó a tales dimensiones que ni siquiera Mirtha López (que hace años presentó un conocido programa juvenil en la televisión), mano derecha del embajador provisional y con varios años de trabajo en la Embajada, pudo inscribir a su hijo recién nacido.
Si la situación en Madrid era angustiosa, qué decir del resto del país. Desde Barcelona, Girona o Salamanca, donde existen núcleos de hondureños, es obligado viajar hasta la capital para cumplimentar los trámites. Raquel Herrera, enfermera capitalina de 30 años, ha acogido a varios de ellos, que pasaban la noche en su casa para acudir temprano a las oficinas consulares. Y lo primero que hace al recordar estas angustias es citar un nombre maldito: Iris Ponce.
Diluvio sobre mojado. Parecida unanimidad ante la situación del último año es compartida en la comunicad catracha contra Iris Ponce, la antigua cónsul, con décadas al frente de los asuntos de los hondureños.
El rumor de su vuelta ha enervado a parte de la comunidad, que no da crédito. “Esa mujer ha despreciado durante décadas a los hondureños. Incluso se negó a ayudar a la familia de la pareja que murió en el atentado del 11-M”, denuncia Herrera.
Con un precedente tan negativo como el de Ponce, las acciones del nuevo equipo se revisan con lupa. Incluso ya se ha producido algún roce. “Las asociaciones de Hondureños en España solicitamos una entrevista con el presidente Lobo durante su estancia en Madrid y ni siquiera se dignaron en respondernos”, se lamenta Ofelia Mendoza, que vuelve a la carga: “El gobierno hondureño ha reaccionado con una lentitud exasperante. Imagine que España cerrara durante casi un año su consulado en Argentina. Y la que se armaría”.
Desde su micrófono de Actualidad Latina, Aldo Salgado, ha clamado durante estos meses contra el abandono sufrido por sus paisanos.
Este joven locutor de 22 años (“he trabajado en estaciones de sky, como atención al público, como camarero, ayudante de cocina, ,haciendo encuestas telefónicas, reparando computadoras, diseñando páginas web y en la radio”), que también estudia Informática, es una de las voces más interesantes en el mundo de la emigración latina en Cataluña.
Fichado por Barcelona Latina, la primera radio latinoamericana que transmitió en FM en la Ciudad Condal, dedica siempre un espacio al devenir de sus paisanos. Y claro, la Embajada se convirtió durante meses en el epicentro de sus denuncias.
Todos los ojos miran hoy a la nueva sede diplomática hondureña. En su interior se vive a toda velocidad, todavía entre cajas y expedientes. Pero al margen de los necesarios trámites consulares, todavía queda tiempo para otras cosas.
Como para publicitar la artesanía lenca, o para apoyar a la selección que va a acudir a Sudáfrica. Y también para retomar un programa, coordinado por Mirtha López, que ha devuelto la vida a decenas de niños hondureños, aquejados de dolencias hepáticas, incluso cardiopulmonares. La diplomática, en contacto directo con un médico español del Hospital La Paz, ha conseguido que varios de ellos sobrevivieran gracias a trasplantes de hígado. Rayos de esperanza en medio de la crisis.