Gerson Turcios tenía 17 años cuando dejó Honduras con la esperanza de escapar de la violencia y encontrar una oportunidad para empezar de nuevo en Estados Unidos.
Seis años después, cuando ya había construido una vida en Rhinebeck, Nueva York, su rutina se vio interrumpida por una detención migratoria que puso en riesgo su permanencia en el país y provocó una rápida movilización de vecinos, amigos y figuras conocidas de la comunidad, recoge el diario The Guardian en un artículo.
Turcios, de 23 años, acababa de terminar una jornada de trabajo cortando césped cuando observó a varios hombres junto a dos camionetas oscuras estacionadas frente a su vivienda. Pensó que buscaban una dirección y se acercó para ofrecerles ayuda. Los desconocidos le preguntaron por una persona llamada Jimmy, quien había vivido anteriormente en la casa junto con él, su hermano y la pareja de este.
Durante la conversación, los hombres repararon en su acento y quisieron saber de dónde era. Turcios prefirió no responder. Uno de ellos sacó entonces un teléfono y le tomó una fotografía. Poco después, el joven se encontraba esposado dentro de una camioneta y era trasladado primero a un centro de procesamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Newburgh y posteriormente a un centro de detención.
La detención ocurrió en un momento marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses. Para Turcios, el arresto significaba la posibilidad de ser enviado nuevamente a Honduras, el país que había abandonado siendo adolescente después de emprender un peligroso recorrido hacia Estados Unidos.
Mientras permanecía bajo custodia, la reacción en Rhinebeck fue prácticamente inmediata. Personas que lo conocían comenzaron a organizar una campaña para respaldar su defensa legal. En pocos días consiguieron reunir decenas de miles de dólares, buscaron representación especializada y recurrieron incluso a personalidades del mundo del cine y la televisión que tienen vínculos con la localidad.
Entre quienes se pronunciaron estuvo el actor Griffin Dunne, residente de Rhinebeck, quien difundió el caso en sus redes sociales y pidió apoyo para el joven. “Bueno, ha sucedido”, escribió al referirse a la llegada de agentes de ICE al condado de Dutchess y a la detención de Turcios. También informó a sus seguidores sobre una colecta destinada a financiar su defensa.
La historia de Turcios en Estados Unidos había comenzado años atrás, después de un viaje que estuvo marcado por el peligro. Cuando tenía 17 años, atravesó México junto con otros tres jóvenes migrantes hasta llegar al río Grande, en la frontera con Texas.
Los muchachos se encontraban en territorio mexicano cuando, según el relato de Turcios, soldados prendieron fuego a la vegetación del desierto con el propósito de obligarlos a abandonar el lugar. Ante la falta de alternativas, decidieron cruzar el río durante la noche.
Los cuatro se lanzaron al agua y lucharon contra la corriente hasta alcanzar la orilla estadounidense. Después corrieron entre la vegetación, pero agentes migratorios comenzaron a perseguirlos con vehículos y perros. Uno de los jóvenes fue derribado por los animales mientras intentaba superar una cerca, mientras los demás huyeron en distintas direcciones.
Turcios continuó corriendo hasta que varios vehículos le cerraron el paso. Los agentes estadounidenses le apuntaron con sus armas y le advirtieron que le dispararían si seguía escapando. El adolescente se detuvo, levantó las manos y terminó en el suelo, esposado, relata The Guardian.
Había transcurrido aproximadamente un mes y medio desde que inició aquel viaje. Sin embargo, por ser menor de edad, su situación migratoria recibió un tratamiento distinto al de un adulto detenido tras cruzar la frontera. Fue trasladado a un centro para menores en Long Island, donde permaneció cerca de un mes.
Su hermano Henoch, quien había llegado a Estados Unidos en 2017, y la pareja de este, Yorleny Weigel, finalmente pudieron hacerse cargo de él. Después de recogerlo, lo llevaron a Rhinebeck, donde comenzaría una nueva etapa de su vida.
Una de sus primeras experiencias fue una visita a un restaurante Wendy's. Allí comió una hamburguesa que, según recordó años después, le pareció enorme porque no sabía cómo comerla.
Como todavía no hablaba inglés, Weigel lo incorporó a un programa de aprendizaje del idioma y posteriormente ingresó a Turcios en una escuela secundaria de la localidad. Durante la pandemia de COVID-19 comenzó a relacionarse con otros estudiantes mediante reuniones virtuales.
Entre ellos estaba Anna Lawson, una compañera que dominaba el español y con quien conversaba con frecuencia. Lawson recuerda a Turcios como un joven amable y optimista, que disfrutaba hablar sobre la vida en Rhinebeck.
El proceso de adaptación continuó en las aulas. Aunque inicialmente temía ser detenido por las autoridades, con el paso de los días comenzó a sentirse más cómodo. También hizo amistades rápidamente y se incorporó a actividades deportivas. Brendan Dougherty, quien compartía con él una sala de estudio, lo describió como una persona sociable.
“Su inglés progresó muy rápidamente. Todos los días salíamos a jugar al baloncesto”, recordó Dougherty.
Turcios terminó la secundaria en el verano de 2022. Después comenzó a trabajar en la cocina de un restaurante francés de la zona y, paralelamente, se incorporó a un equipo dedicado a labores de jardinería, mantenimiento de viviendas y corte de césped.
Con el tiempo, esas actividades se convirtieron en su principal fuente de ingresos. Una de sus primeras clientas fue Jenny Friedberg, directora creativa y productora que se había instalado en Rhinebeck durante la pandemia.
Friedberg recuerda que Turcios participaba en prácticamente todas las tareas que realizaba el equipo. “Sin importar lo que hiciera el equipo de mantenimiento, él siempre estaba allí. Era el más joven, el más sonriente, el más servicial y mi favorito”, afirmó.
Para el verano de 2025, el joven había dejado su empleo en el restaurante y trabajaba a tiempo completo en labores de mantenimiento y jardinería. Fue entonces cuando ocurrió la detención que cambiaría nuevamente el rumbo de su vida.
La noticia llegó a Friedberg durante la noche del 18 de julio. Carlos, quien dirigía el equipo en el que trabajaba Turcios, la llamó para informarle que el joven había sido detenido por ICE y que no sabía cómo proceder.
Friedberg comenzó entonces a comunicarse con distintas personas de la comunidad. Contactó a Luciano Valdivia, restaurador y presidente de la Cámara de Comercio de Rhinebeck; a la abogada Amanda Miller y al estratega de comunicación John Reinish. En menos de un día habían puesto en marcha una campaña de recaudación de fondos para cubrir los gastos de la defensa legal.
Miller también recurrió a Gregory Copeland, abogado especializado en derechos civiles e inmigración y cofundador de Rapid Defense Network, una organización dedicada a brindar asistencia legal a inmigrantes en riesgo de deportación.
Copeland había desarrollado estrategias para impugnar deportaciones de emergencia mediante recursos de hábeas corpus, mecanismos que permiten solicitar a tribunales federales que revisen la legalidad de una detención.
Al revisar el expediente de Turcios, el abogado descubrió un elemento que podía resultar determinante: el joven había recibido años antes una orden de deportación en ausencia por no presentarse a una audiencia migratoria.
Según Copeland, durante la pandemia los tribunales migratorios experimentaron numerosos cambios y aplazamientos. En el caso de Turcios, no habría recibido la notificación correspondiente pese a que continuaba viviendo en la misma dirección que había proporcionado a las autoridades.
Para su defensa, demostrar los vínculos que el joven había establecido con Rhinebeck también era importante. Copeland explicó que las autoridades pueden valorar, entre otros factores, si una persona representa un peligro para la comunidad o si existe riesgo de que escape.
“Si consideramos qué evalúa el gobierno al justificar la detención de alguien, se trata de si representa un peligro para la comunidad y si existe riesgo de fuga”, explicó. A su juicio, el respaldo de los vecinos podía contribuir a demostrar que Turcios tenía fuertes vínculos con el lugar donde había construido su vida.
Otro elemento que preocupaba a los abogados era conocer con precisión dónde se encontraba detenido. Copeland comenzó a revisar el sistema oficial de localización de detenidos de ICE para determinar a qué instalaciones había sido trasladado y cuál podría ser su siguiente destino.
La ubicación era especialmente importante para cualquier recurso judicial, ya que una petición de hábeas corpus debía presentarse ante el tribunal correspondiente al lugar donde se encontraba recluido.
“Si no sabes dónde está tu cliente, no puedes presentar la petición y puede ser deportado”, señaló Copeland.
Con el paso de los días, la red de apoyo alrededor de Turcios siguió creciendo. Residentes de Rhinebeck colaboraron con la defensa, difundieron información y buscaron apoyo público para impedir que el joven fuera deportado antes de que pudiera presentar sus argumentos ante las autoridades.
Valdivia también recurrió a conocidos de la comunidad vinculados con el entretenimiento. Entre ellos estaban Dunne y el cineasta Andrew Jarecki, además del actor Paul Rudd, quien tiene vínculos con Rhinebeck y realizó una contribución económica.
Dunne comenzó a hablar públicamente del caso en Instagram. Para el actor, la situación representaba algo más que un asunto migratorio: era la detención de un joven que, según sus vecinos, había trabajado y construido vínculos en la comunidad durante años.
“Fue la primera vez que usé Instagram sin sentirme un poco avergonzado por autopromocionarme”, comentó posteriormente al explicar por qué decidió utilizar su plataforma para llamar la atención sobre el caso.
La movilización permitió que Turcios contara con representación legal y que su situación fuera llevada ante los tribunales. Para quienes se organizaron en su defensa, el objetivo era evitar una deportación apresurada y conseguir que el joven pudiera impugnar la orden emitida años atrás.
El caso también llevó a algunos de sus conocidos a cuestionarse cuánto conocían realmente de las historias personales de las personas que forman parte de su comunidad. Friedberg reconoció que, pese a haber trabajado con Turcios y haberlo visto durante años, nunca le había preguntado por las circunstancias que lo habían llevado hasta Estados Unidos.
“Fue como darse cuenta de que a menudo no conocemos a las personas que han trabajado para nosotros o cerca de nosotros durante años”, reflexionó.