La presidenta Dilma Rousseff declaró ayer un luto oficial de tres días en Brasil ante los más de 600 muertos por las lluvias torrenciales y aludes que destruyeron varias ciudades de la zona montañosa al norte de Río de Janeiro.
Rousseff decretó el luto oficial nacional en la misma jornada en el nuncio apostólico, Lorenzo Baldisseri, transmitió a los brasileños un mensaje de solidaridad del papa Benedicto XVI, quien afirmó sentirse consternado con las informaciones sobre la magnitud del desastre en la región próxima a Río.
La propia presidenta brasileña había visitado personalmente las zonas afectadas por una de las peores catástrofes naturales de la historia de Brasil, ocurrida menos de quince días después de haber asumido el poder, lo que representa una prueba de fuego para su gobierno.
Este mismo ayer, el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, dispuso un luto de siete días en el estado. Según el último boletín oficial de la Secretaría de Salud y Defensa Civil de Río de Janeiro, el número de muertos por las lluvias y deslaves que comenzaron el miércoles asciende a 610 personas.
Nova Friburgo, a unos 140 km al norte de Río de Janeiro, era ayer la más afectada con un saldo parcial de 274 víctimas fatales. Teresópolis contaba 263 muertos, Petrópolis otras 55 víctimas, al tiempo que en Sumidouro se registraron 18 muertes.
Cifra podría elevarse
Las autoridades advirtieron que el saldo de víctimas puede aumentar, pues hay varias zonas agrícolas que están fuera del alcance de los equipos de rescate. Al menos 14,000 personas han quedado sin hogar en esos municipios, según la Defensa Civil.
Ayer por la mañana, la lluvia que caía sin descanso desde el miércoles disminuyó de intensidad; pero al inicio de la tarde un nuevo temporal se abatió sobre Teresópolis, generando escenas de pánico.
“Necesitamos enfermeros y médicos voluntarios. Necesitamos hilo para suturas, gasas y vendajes”, dijo a la prensa Solange Sirico, la secretaria de Salud de Teresópolis, uno de los municipios más afectados.
Frente a la morgue municipal de Teresópolis, los técnicos sanitarios situaron cuatro enormes camiones frigoríficos, donde almacenan los cuerpos que aún no eran identificados por sus familiares. AFP