Londres, Inglaterra.

Un tribunal británico dictaminó el jueves que la policía “violó los derechos humanos” de la activista ecologista Kate Wilson al permitir que un agente infiltrado en su movimiento mantuviera una relación sentimental con ella durante casi dos años.

Esta decisión constituye un fallo sin precedentes sobre la controvertida práctica de los “policías espías”, que durante décadas se infiltraron en grupos de activistas en el Reino Unido apropiándose de la identidad de niños fallecidos para acercarse a ciertos “objetivos”.

Wilson, una enfermera cuadragenaria, se enteró en 2010 de que su exnovio Mark Stone, al que conoció en 2003 durante una protesta contra una cumbre del G8, nunca había existido.

De hecho, era un policía casado --cuyo verdadero nombre es Mark Kennedy-- y con hijos, infiltrado desde hacía tiempo entre los medioambientalistas.

El jueves, un tribunal especializado en juzgar a organismos públicos dictaminó que esta operación encubierta “no podía justificarse como necesaria en una sociedad democrática” y revelaba “inquietantes y lamentables violaciones de los derechos más fundamentales”.

Acusó a los oficiales que supervisaban al agente infiltrado de optar por no “hacer preguntas” o por “hacer la vista gorda ante conductas útiles para la operación”, denunciando “la frecuencia” con la que mantenía relaciones sexuales con sus “objetivos”.

Durante su misión, Kennedy mantuvo relaciones sexuales con al menos otras diez mujeres, incluida una con la que convivió durante seis años antes de que ella encontrara su verdadero pasaporte y destapase el engaño.

Según medios británicos, a partir de 1968 al menos 139 policías se infiltraron en más de mil grupos, en su mayoría de izquierda pero también de extrema derecha, como sindicatos, organizaciones ecologistas, asociaciones antirracistas, pacifistas o feministas.

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“Tenemos que hacer frente a la misoginia y al sexismo institucional de la policía”, declaró Wilson tras la decisión, y “replantear fundamentalmente los poderes que tienen para mantener el orden en las manifestaciones y controlar a quienes participan en ellas”.

La policía londinense presentó una disculpa “sin reservas” a la víctima, reconociendo en un comunicado “que esta relación fue un abuso de poder policial y violó los derechos humanos” de la demandante.

Scotland Yard ya había pedido disculpas a varias mujeres en 2015, a las que compensó económicamente. Afirmó que las relaciones sexuales con los “objetivos” no estaban autorizadas y son cosa del pasado, ya que los agentes encubiertos actúan ahora bajo “un código ético claro y un marco legislativo”.