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La caza de brujas hace imperar el terror en Papúa Nueva Guinea

El miedo reina en varias regiones de las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea, donde algunas tribus linchan a personas a las que acusan de brujería y de encarnar las fuerzas del mal.

Cuando los lugareños de dan cuenta que en cierta zona vive una “bruja” rodean la casa para atraparla y agredirla, incluyendo abuso sexual.
Cuando los lugareños de dan cuenta que en cierta zona vive una “bruja” rodean la casa para atraparla y agredirla, incluyendo abuso sexual.

Papúa Nueva Guinea.

Una mujer de edad avanzada se retuerce de dolor, suplica mientras le pegan y la violan en el suelo de una choza. Después la arrastran fuera, desnuda, ensangrentada y moribunda. Una horda de lugareños la golpea y la quema hasta que deja de moverse.

Casi todos participan. Nadie se molesta en ocultar su rostro. Nadie interviene para impedir el linchamiento. Creen que actúan bien, que es la única manera de detener a una bruja que no es humana. La acusan de matar a uno de los suyos mediante supuestos poderes sobrenaturales y de devorar su corazón.

Alguien graba la escena con un teléfono móvil. La AFP obtuvo el video.

Como decenas de grabaciones en manos de la policía real de Papúa Nueva Guinea, las imágenes demuestran la brutal caza de brujas en este país de Oceanía.

Durante los últimos años se han registrado al menos 20 asesinatos de este tipo y decenas de agresiones en la región recóndita de las Tierras Altas.

En lugares aislados como el valle de Tsak, las agresiones se han extendido “como un reguero de pólvora”, incluso contra un expresidente del Tribunal Supremo, cuenta el comisario Epenes Nili. La creencia en la brujería existe desde hace mucho tiempo en la provincia de Enga y en general en todo el país. Pero, según los investigadores, los linchamientos son algo nuevo en esta provincia, al igual que la violencia extrema y las agresiones sexuales.

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Algunas mujeres como Rachel han sobrevivido.

- Muertes “inexplicables” -

“Es un fenómeno nuevo”, recalca Anton Lutz, un misionero luterano que vivió muchos años en la provincia de Enga. Él socorrió a varias personas acusadas de brujería, incluidos niños de seis años.

“Había antiguas creencias sobre los fantasmas, las piedras que pueden hablar y otra serie de cosas”, explica. “Pero la práctica consistente en acusar a una mujer de ser responsable de una muerte y torturarla sádicamente, someterla a violencia sexual durante horas hasta que se muere es algo nuevo”.

“Comenzó hace unos cinco años. Aumentó mucho el año pasado. Teníamos la impresión de que había un ataque cada semana o cada 15 días”.

Según el misionero, cada arrebato de ira coincide con un fallecimiento por causas inexplicables para los habitantes del lugar.

Los infartos, la diabetes, el sida son cada vez más frecuentes pero poco conocidos. Algunas personas atribuyen más fácilmente una muerte a la brujería que al colesterol.

Por ejemplo, recientemente, un conductor ebrio provocó un accidente en el que fallecieron ocho personas. La gente quería saber porqué unos murieron y otros no. Algunos incluso creen que las brujas no actúan solas.

La aparición de “glasmans” (unos “adivinos” que recorren las aldeas para detectar brujas a cambio de dinero) explica en parte el aumento de asesinatos, algunos de los cuales son ordenados por tribus a modo de represalias.

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Las autoridades difunden carteles para prevenir este tipo de ataques.

- Rezar en silencio -

Al igual que la anciana del video, Rachel, de 55 años, madre de dos hijos, fue acusada de “sanguma”, Brujería o magia negra.

Su vida dio un vuelco en abril de 2017, cuando acudió en familia al funeral de un miembro de una tribu cercana. Cuando se disponía a irse fue capturada por el hijo del difunto.

Ella no lo sabía pero otra mujer fue acusada de estar relacionada con la muerte del difunto y, bajo tortura, dijo que Rachel pertenecía a una asamblea de brujas.

Rachel se declaró inocente. No le sirvió de nada. La desnudaron, la violaron, la quemaron con machetes, barras de hierro y palas ardientes durante un día entero. Unos actos atroces cometidos por conocidos suyos.

Me pedían que “devolviese el corazón” de la “víctima”, cuenta mientras algunas personas se arremolinan en torno a la choza para enterarse de lo que está pasando.

“El dolor era insoportable”, recuerda. Estaba amordazada y rezaba en silencio, “Me has encomendado el trabajo de ocuparme de mis hijos y si me muero ¿quién se ocupará de ellos?”, oraba.

Entonces estalló una discusión entre miembros de esta multitud formada por unas 1,000 personas. Fue lo que le salvó la vida.

- “Vivo con el dolor”-

Miranda Forsyth, investigadora de la universidad nacional australiana, estudió cientos de casos y constata la emergencia de tendencias siniestras.

Describe “un escenario” típico en los linchamientos de “brujas” en Enga. Son personas que intentan lidiar con “elevados niveles de incertidumbre”, afirma.

A falta de una solución al problema, “todo el país se encuentra en un estado de confusión paranoica”, añade.

Casi dos años después de su calvario, Rachel es capaz de caminar y ha vuelto al pueblo pero vive con miedo.

“La situación sigue siendo tensa”, murmura. Las heridas están a medio curar porque los agresores irrumpieron en la clínica en la que ella estaba ingresada y la obligaron a huir.

“Necesito que me operen, pero tengo miedo de que los agresores me maten si voy. Vivo con el dolor”, lamenta.

“Espero que las cosas se calmen para poder ir al hospital. Por ahora es imposible”.