El presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, llamó a sus seguidores a que sigan en las calles para protestar contra el cierre de los medios.
Sin embargo, ayer mismo dio una entrevista a la cadena CNN en la que declaró que nunca ha hecho un llamado a la violencia.
Zelaya llamó a sus simpatizantes a la calle para que exijan que se devuelvan las frecuencias a los medios clausurados y que puedan volver al aire.
El lunes por la noche, Micheletti anunció que estaba dispuesto a derogar el decreto que restringe las libertades civiles para poder continuar con la campaña electoral con miras a los comicios de noviembre.
No obstante, el gobernante depuesto aseguró que el decreto es mucho más amplio y restringe casi todas las libertades públicas.
“Están restringiendo las libertades de movimiento, de expresión del pensamiento, de organización, de reunión, todas esas libertades que son una conquista de la humanidad a lo largo de los siglos”, señaló Zelaya, quien llamó al pueblo hondureño a no dejarse intimidar y defender sus derechos.
Lo que dijo a CNN
A la cadena CNN, Zelaya aseguró que “la sangre de miles de hondureños inocentes tiene pintadas de rojo las calles de Honduras”.
Volvió a quejarse por haber “sido atacados duramente ocho días. Han cortado todas las líneas. De repente el celular se corta”, dijo durante una entrevista que concedió vía celular a CNN.
En relación a lo que Lula da Silva dijo sobre que una embajada no puede ser usada para hacer llamados de insurrección y le pidió moderación, Zelaya opinó que de ninguna manera ha hecho llamados a realizar actos violentos.
“Sí hemos tenido comunicación de mucha altura con el presidente Lula, él es un demócrata. Él nos abrió las puertas a una petición mía, primero de protección porque tengo amenazas contra mi vida y en segundo lugar para desarrollar un diálogo.
Nunca he hecho un llamado a la violencia. No uso armas, no uso violencia. Desde luego, el pueblo hondureño ha sido reprimido durante 95 días porque no usa violencia”, afirmó a CNN.
Respecto a la ofensiva final a la que convocó el fin de semana, Zelaya aseguró que se refería a una “ofensiva pacífica”, una ofensiva de acuerdo a la Constitución, a los derechos de protesta, de huelga, al derecho de circular.
Zelaya se declaró un “total demócrata” y afirmó que apoya las elecciones generales de noviembre 29, aunque luego se contradice.
“Resuelvo mis problemas con mi propuesta de la cuarta urna, con mi propuesta de la consulta. Son proyectos pacíficos. Apoyo el proceso electoral, apoyo el Plan Arias, apoyo las resoluciones de la OEA y de Naciones Unidas. Los que están en contra son ellos”, expuso.
Ambiente en la embajada
En el lugar más resguardado de la ciudad se ha convertido la embajada de Brasil, el sitio que Manuel Zelaya ha estado utilizando como fortín político desde hace más de una semana tras su ingreso clandestino en el país.
Su mensaje ha sido para que sus seguidores se mantengan en resistencia.
Pero dentro de esta sede diplomática unas 60 personas tienen que lidiar no sólo con los millones de ojos de la comunidad nacional e internacional que los ven.
El hacinamiento en que se encuentran, el estrés, algunos leves quebrantos de salud y hasta el agotamiento comienzan a ser parte de sus nuevos enemigos.
Ayer el movimiento militar persistía en las inmediaciones de la sede diplomática.