28/07/2026
04:11 PM

Vestida para ganar

¿Quién acompaña a Barack Obama? ¿Quién estará con él si es electo presidente? Michelle Obama, que no es su compañera de fórmula, sino su esposa y madre de sus dos hijas.

    ¿Quién acompaña a Barack Obama? ¿Quién estará con él si es electo presidente? Michelle Obama, que no es su compañera de fórmula, sino su esposa y madre de sus dos hijas.

    Graduada en Sociología, estudios Afroamericanos y Derecho, ella es la que aporta la cuota de sencillez y la que 'baja' al candidato de su pedestal intelectual, enviándolo, por ejemplo, a comprar insecticida y luego contando la anécdota.

    Ahora cabe un análisis sobre la figura de quien ha acompañado a Obama y lo seguirá haciendo en los próximos meses.

    Michelle es la esposa del candidato demócrata, pero no solo jugó ese papel, el de compañera del líder político que lo apoya familiar y emocionalmente. No. Michelle ocupó un espacio muy importante en la campaña.

    Ya ha comenzado a ser objeto de un escrutinio implacable. ¿Se parecerá a la sofisticada Jackie Kennedy, en una reencarnación de la mística de Camelot, pero en negro? ¿O seguirá el modelo de la pragmática y sarcástica Barbara Bush, que hacía poner los pies en el suelo a su marido?

    Dos grandes diarios, The New York Times y The Washington Post, dedicaron sendos reportajes, en su sección de 'style', a analizar los criterios estéticos de Michelle, la elección de sus vestidos, su afición a la perlas de gran tamaño, como la abuela Bush, y su debilidad por los anchos cinturones.

    Muy comentada fue la elección del tono violeta en el modelo sin mangas que lució Michelle la noche cuando su marido había alcanzado la nominación. Según el Post, la falta de mangas fue una demostración subliminal de fortaleza. El Times coincidía en el diagnóstico y su título era inequívoco: 'Viste para ganar'.

    Valioso aporte

    No hay duda de que Michelle, 44 años, ha sido un activo muy valioso en la campaña. Ha ejercido con mucha efectividad lo que en la jerga política estadounidense se denomina 'surrogate' (subrogación). Obama suele decir que no es un hombre perfecto y añade 'como me recuerda cada día mi esposa'. Ella le hace bajar de su pedestal intelectual, de su ensimismamiento retórico. A veces explica intimidades domésticas como la tendencia de él a dejar tirados los calcetines o a olvidarse de colocar la manteca en la heladera después de que la usa.

    Michelle, cuyo nombre de soltera es Michelle LaVaughn Robinson, se crió en una familia negra, de clase trabajadora, en un barrio del sudeste de Chicago.

    Su padre estaba empleado en la compañía municipal de agua y su madre cuidaba el hogar. El padre padeció desde muy joven esclerosis múltiple, pero siguió trabajando. Ella estudió en Princeton y Harvard. En la primera se graduó en Sociología y Estudios Afroamericanos y en la segunda se hizo abogada.

    Michelle y Barack se conocieron en un bufete de abogados de Chicago. Pero él le conquistó el corazón cuando la llevó a uno de los barrios donde ejercía como organizador de comunidades de base. Ella sí inició una carrera profesional. Fue asistente del alcalde de Chicago y ocupó un cargo en el Departamento de Planificación y Desarrollo. Su último puesto fue la vicepresidencia de Relaciones Externas y Labor Comunitaria para la Red de Hospitales de Chicago. Su remuneración era de $275 mil al año, casi el doble que el sueldo de senador de su esposo.

    Un elemento político fundamental de Michelle es que aporta el pedigrí definitivo afroamericano que a veces le falta a él, por ser hijo de una blanca. El color de piel de ella es mucho más oscuro. Michelle fue desde joven consciente de su condición racial y en su tesis de Princeton, escribió, refiriéndose a su experiencia allí: 'me ha hecho más consciente de mi negritud. Hiciera lo que hiciera para relacionarme con mis compañeros blancos, siempre sentía que primero me consideraban negra y luego estudiante'.

    Orgullosa

    Ejecutiva, moderna, madre de niñas pequeñas, Malia y Sasha, aprovecha todos los días su cercanía con Obama para apagarle los humos de grandeza que le rondan la cabeza. 'Eres maravilloso y tienes muchas cosas extraordinarias... pero al final eres un hombre y como todos ellos no eres perfecto, Barack'.

    Franca, divertida, con una lengua que cuesta a veces atar, pone a su familia en el primer lugar de su vida y Barack está hoy donde está gracias a que ella le ha autorizado ser aspirante.

    La señora Obama se siente orgullosa de ser una representante de las madres multitaskers, ésas que tienen hijos, trabajan, van al supermercado, no descuidan a sus padres y tienen tiempo para comprarse ropa, mantenerse en forma y almorzar con sus amigas y salir al cine con ellas.

    La carrera electoral le ha hecho depender cada vez más de su madre, la abuela Marian, de 70 años, para cuidar a sus hijas y ella dedica tres días a la semana a hacer campaña con su marido.

    'Acabo todos los días agotada y rendida y lo único que quiero es acostar a mis hijas, tomarme una copa de vino y meterme en la cama. Mi familia es lo primero porque si no podemos criar a nuestros hijos y darles una vida saludable, cómo los ciudadanos pueden confiar en nosotros para solucionarlos problemas del mundo'. Con su experiencia como madre, esposa y ejecutiva se ha ganado entre los asesores de su marido el mote de 'the closer' porque ella con sus argumentos ante las mujeres es la que pone punto final a las dudas sobre si el candidato escuchará cuando esté en la Casa Blanca las aspiraciones de las féminas estadounidenses.

    Después de 15 años de matrimonio el hombre que quiere ser el líder del mundo libre reconoce con valentía que es un prisionero. 'Ella me dice lo que tengo que hacer y lo hago con placer. Porque generalmente las cosas salen bien', asegura él.