Soy un hombre afortunado. Hago exactamente lo que me gusta hacer y lo que no, trato de no hacerlo. Y haber publicado dos veces con Leticia de Oyuela es algo que me gusta. Y mucho.
Tres o cuatro años atrás, doña Lety me llamó para que la ayudara con la continuación de “La batalla pictórica”, su famoso libro publicado a mediados de los años noventa. Entre interminables tazas de café y espirales de humo de cigarro, la prolífica historiadora del arte me contó a lo largo de muchas tardes, cómo visualizaba el nuevo libro. Una obra a la que ya le tenía un sólido título: “Constructores artísticos entre siglos”.
“Constructores” iba a retomar la historia del arte hondureño a partir del año donde se había quedado “La batalla pictórica”. Hay que recordar que “La batalla”, publicada por Banco Atlántida en su momento, era la historia del arte hondureño desde las primeras manifestaciones indígenas precolombinas en cuevas y cavernas hasta los finales del siglo XX. Una obra titánica que representa hasta la fecha, la investigación más completa de nuestra producción artística nacional a través de los siglos.
Desafortunadamente, la avanzada edad y las enfermedades fueron minando las fuerzas (más no el espíritu) de doña Lety.
En algún momento, ante la lentitud de los avances, se decidió, en conjunto con el Grupo OPSA, que era mejor publicar una segunda edición corregida y aumentada de La Batalla, por mientras la salud volvía a la escritora. Pero nunca volvió.
Terminar el libro de Leticia de Oyuela ha sido una de las tareas más difíciles a la que me he enfrentado a lo largo de mi vida profesional.
Muchas veces dudé; muchas veces pensé en abandonar la misión que la vida me deparaba. Y lo hubiera hecho sino hubiera sido por las palabras del pintor Ernesto Argueta, quien ante mi desesperación, me dijo: “Por alguna razón, doña Lety te dejó a cargo de ese libro.
Tal vez, porque al no estar en el círculo del arte, podrás ver el libro desde otra perspectiva”. Las palabras de Argueta me dieron fuerzas (y sentido) para retomar la tarea.
Apoyado en el oficio que he realizado en los últimos años, comencé a documentar fotográficamente las obras que a mi criterio inyectan un nuevo aire en el escenario artístico hondureño (los artistas ya habían sido designados por la autora). Espero haber acertado en mi selección y si hay errores o quejas, la culpa es solamente mía.
También, agregué un capítulo más, extraído de los manuscritos originales de “Constructores”.
Con él, cerré el siglo XX para doña Lety y abrí el nuevo milenio. Alguien más deberá escribir la historia que viene.
Por supuesto, este libro es el esfuerzo de mucha gente. En primer lugar, los artistas e instituciones que prestaron sus obras y nunca dejaron de creer en el proyecto. Felipe Rivera Burgos y Óscar Urtecho realizaron las numerosas revisiones de estilo que ameritaba la nueva edición.
Carmen Cruz nos dio la asesoría editorial necesaria para darle forma y orden al libro y todas sus sugerencias fueron implementadas (y fueron muchas, que conste).
Obligado reconocer que el elegante acabado final del libro es de Ana María Reyes; desde la selección de los colores que ilustran las páginas, las cubiertas de los libros, la decisión de publicar versiones en pasta dura, pasta suave y por supuesto, la edición electrónica.
Si yo hice la selección del contenido, Ana le dio la forma que ahora tiene. Al César lo que es del César.
Esta semana se cumplió el sueño de Leticia de Oyuela. Espero sinceramente, haber hecho mi contribución al mundo del arte hondureño. Termina una etapa y puedo decir que en verdad, soy un hombre afortunado.