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Se apaga el eco de los tambores garífunas

  • Actualizado: 13 junio 2009 /

En Iriona se encuentra la última reserva cultural garífuna del mundo, pero parece condenada a desaparecer debido a nuevas tendencias culturales y otros fenómenos sociales que se infiltran en la zona.

En Iriona se encuentra la última reserva cultural garífuna del mundo, pero parece condenada a desaparecer debido a nuevas tendencias culturales y otros fenómenos sociales que se infiltran en la zona.

Las comunidades de Cuzuna y Punta Piedra son las únicas en este municipio donde la lengua garífuna tiene su significado original. Aquí se guarda con mayor celo esta reserva étnica, pero podría desaparecer si no se toman medidas preventivas. El embajador cultural ante la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Dennis Roches, expresó que es necesario que las autoridades locales y centrales ejecuten planes de contingencia para evitar el deterioro de la lengua garífuna.

Estos pueblos han permanecido inmunes a la influencia externa de la tecnología y el progreso. Sus casas están construidas como se hacía antiguamente, con caña y hojas de palmera, aunque más recientemente se han renovado hasta incluir bloques de concreto.
“No existen planes estratégicos para detener este fenómeno de contaminación cultural en las comunidades afrodescendientes, por lo que se hace necesario crear una estructura jurídica y estratégica en cada municipio a fin de minimizar el impacto negativo en la cultura de estos pueblos”, apuntó.

No quieren hablar dialecto

Hay pocas comunidades negras donde se habla y se practica el dialecto garífuna, “muchos quizás lo sepan, pero se avergüenzan, lo cual no debe ocurrir, por lo que es necesario tomar las medidas pertinentes y no permitir que se contaminen las únicas reservas en el mundo y en Honduras”, precisó.

El deterioro de la identidad garífuna se ha empezado a manifestar a grandes rasgos desde hace unos diez años debido a las nuevas invenciones tecnológicas que han llegado a las comunidades, así como la moda, la emigración de jóvenes a otras ciudades que al regresar traen muchas influencias a la localidad.

Las sectas religiosas son otro factor para que paulatinamente vaya decayendo la cultura garífuna, ya que la cultura está al margen de los objetivos de esos grupos que en los últimos años se han incrementado.

Algunas iglesias prohíben a sus fieles realizar las prácticas ancestrales, consideradas ritos, que forman parte de la espiritualidad étnica que durante siglos ha estado ligada a la vida cotidiana de cada afrodescendiente.

Los tambores han dejado de sonar porque han sido sustituidos por otros instrumentos que no se relacionan con la identidad del pueblo negro.

Las nuevas costumbres marcan el deterioro de una comunidad étnica que sigue clamando respeto a sus derechos, pero que en su seno se encuentra dividida por opiniones encontradas y otros fenómenos políticos y sociales.

“La cultura ancestral viva en las comunidades está desapareciendo, las sectas religiosas y otras influencias culturales llevan al ocaso a esta lengua con gran valor étnico e histórico”.

Se estima que el 80 por ciento de las comunidades garífunas han dejado de hablar su dialecto, lo que representa un porcentaje preocupante para las organizaciones que defienden los derechos culturales en el mundo.

Dado este clima de deterioro cultural, la pastoral garífuna de la Diócesis de Trujillo desarrolla reuniones y programas que ayuden a mantener la idiosincrasia en las comunidades que han perdido la tradición, mientras se fortalece en las que la mantienen.