Las ciudades de Varsovia, Gdansk, Breslavia y Poznan son las sedes polacas de la Eurocopa de Fútbol, que arrancó el viernes. Son cuatro oportunidades de descubrir los diferentes rostros de Polonia, desde el mar Báltico hasta la región de Silesia, sin olvidar una parada en Cracovia que, aunque no es sede, sí una cita obligatoria para todo viajero.
Sin duda Polonia es un país que no deja indiferente, y siempre asombra al visitante con una naturaleza poco frecuente en la moderna Europa, un folclor desconocido en los países del sur, una intensa vida cultural y una población que sabe hacer agradable la estancia del turista.
Si a eso sumamos la excusa de asistir a la Eurocopa, la visita puede ser inolvidable.
El torneo arrancó en Varsovia, para muchos una ciudad fea y gris, marcada por una biografía dramática de sufrimiento y tragedia llevada al cine por películas como ‘El Pianista’, de Roman Polanski.
Es cierto que la historia reciente de la capital polaca está protagonizada por la fatalidad, pero es precisamente ese destino siniestro el que crea una atmósfera única que jamás defrauda al visitante.
Varsovia fue aplastada por los nazis en su retirada, lo que obligó a las autoridades comunistas a reconstruir completamente la ciudad durante los años 50 y 60, lo que convierte a amplias zonas de la capital en un atractivo para los amantes de la arquitectura estalinista y del llamado realismo comunista.
Algunos de los edificios y palacios más emblemáticos, también destruidos durante la II Guerra Mundial, fueron meticulosamente reconstruidos, fundamentalmente en el centro histórico, hoy un elegante conjunto de callejuelas en el que merece la pena pasear y detenerse a almorzar en sus elegantes restaurantes. Otra cita obligada en la capital es el parque Lazienki, la escena en el verano de conciertos al aire libre con la música de Federico Chopin, nacido precisamente en esta ciudad, como protagonista.
El parque es simplemente hermoso, un auténtico monumento a la naturaleza urbana en el que olvidar la tensión del fútbol y zambullirse en un espacio delicioso de flores y grandes árboles.
Breslavia, la Venecia polaca
Breslavia, Wroclaw en polaco, es otra de las sedes y una ciudad sorprendente que los locales conocen como la Venecia polaca, ya que está formada por varias islas rodeadas de canales y atravesada por el río Odra.
Wroclaw fue parte de Alemania hasta el final de la II Guerra Mundial, por lo que sus edificios históricos son buenos ejemplos de la arquitectura germana, empezando por la preciosa plaza mayor (Rynek), adonde el turista con un poco de imaginación puede trasladarse a un cuento de los hermanos Grimm.
Poznan y Gdansk
Poznan también está en el oeste de Polonia y es nuestro siguiente destino en el mapa polaco, donde la ciudad siempre ocupó un lugar referente como lugar de intercambio, a medio camino entre Berlín y Varsovia.
Además de ser una localidad vibrante, con buena vida nocturna y un animado centro comercial, el viajero debe recordar que se encuentra en uno de los puntos de referencia de la nación polaca, ya que Poznan fue escenario de algunos de los episodios históricos que dieron forma a este país.
De aquí partiremos a otra de las sedes del torneo: Gdansk, la perla del Báltico, la antigua Danzig, la ciudad codiciada donde en 1939 comenzó la II Guerra Mundial, un emplazamiento entre Alemania y Polonia que desde su fundación ha sido objeto de codicia.
Gdansk es bella, un auténtico tesoro gótico cuidadosamente restaurado, lo que permite hacerse una ligera idea del glorioso pasado de esta ciudad.