Vive encerrada en un mundo verde que quisiera compartir con las demás personas. La arquitecta Ángela Stassano Raquel sueña en convertir a San Pedro Sula en un jardín donde las paredes de los edificios estén forradas de plantas y hasta los techos de las casetas para esperar el bus ofrezcan la frescura de la naturaleza.
“¿Por qué tenemos que vivir encerrados con aire acondicionado si nuestro ambiente es tropical y podemos estar más cerca de la naturaleza?”, suele preguntarse la profesional que trabaja en un proyecto para que la frescura natural regrese a la ciudad.
Se trata de un código climático diseñado para San Pedro Sula que puede ser adoptado por las autoridades municipales para aplicarlo en la construcción de casas y edificios.
En ese código hay medidas para distintas viviendas, por ejemplo, que tengan más entradas para la luz natural o que en su techo haya plantas cultivadas para evitar el impacto directo de la energía solar, explicó.
Incorporar la naturaleza
Sus conceptos de arquitectura bioclimática los ha puesto en práctica en diferentes obras construidas con bloques de tierra comprimida y en la plaza comercial Techos Verdes de la residencial El Barrial, contiguo a Los Álamos, donde tiene sus oficinas.
“Aquí solamente pago 300 lempiras al mes de energía porque no necesito aire acondicionado, no porque le esté robando a la Enee. Respiro un ambiente natural donde no hay hongos ni bacterias”, dice la arquitecta sentada en su despacho de amplios ventanales por los que se filtra el frescor de la vegetación.
“Incorporar a la naturaleza en las construcciones, aparte de economizar energía eléctrica, atrae a los pájaros y las mariposas, aparte de que perfuma el ambiente. No sé por qué el gobierno gasta tanto en aire acondicionado si somos un país pobre donde se pueden hacer edificios bioclimáticos. Es cuestión de cómo se usan los materiales y de conocer el aspecto climático. Usted puede vivir dentro de un contenedor metálico sin aire acondicionado si protege las paredes con pantallas solares y siembra plantas en el techo” .
Precisamente uno de sus proyectos bioclimáticos se llama Viviendas Peregrinas, consistente en convertir los contenedores en casas desmontables. “Sólo tiene que alquilar un lote baldío con mucha vegetación y hacer un pegue de agua para instalar el contenedor. Después lo puede levantar con un montacargas si lo quiere trasladar a otro lugar”, explicó.
De hecho, sus dos hijos viven cómodamente en una de esas viviendas dentro del complejo ambiental, en el que además hay cabañas bioclimáticas para pernoctar “oyendo los grillos y sintiendo los olores de la noche”.
Ha llamado Pajareras a estas cabañas de vivos colores suspendidas en un bosquecito para acampar. Es como un pedacito del campo incrustado dentro de la ciudad donde hay baños sin techo para que usted se pueda duchar viendo las nubes y la fronda de los árboles.
En las construcciones con techo recoge por medio de un conducto las aguas lluvias y las almacena en un recipiente herméticamente cerrado para usarlas en labores domésticas. “Con esta agua se puede lavar el perro o el carro y así ahorramos la que pagamos”, dice.
En el lugar hay incluso una laguna pequeña y una antigua hacienda que forma parte de los atractivos naturales para los visitantes.
“Aunque estamos en la ciudad somos parte del corredor del parque El Cusuco, que se encuentra en El Merendón”, dice. Al sitio llegan hasta estudiantes de otras naciones a hacer trabajos de investigación. Para el caso, hacen mediciones de temperatura entre una casa normal y una casa bioclimática con techos verdes.
“Aquí trato de demostrar con el ejemplo que se puede convertir a San Pedro Sula en un jardín como lo fue antes de que se cubriera de cemento”, expresó.
Indicó que el pavimento en la ciudad es como una enorme batería que se carga de energía en el día y desprende todo ese calor por la noche. Si no podemos prescindir de él, al menos amorticemos su impacto cultivando más plantas en los solares en vez de levantar muros que impiden la circulación del aire, expresó.
Agregó que los cercos de verjas, aparte de permitir más ventilación en las viviendas, son más seguros que los muros. “Un delincuente tiene que pensarlo bien antes de saltar una verja porque sabe que verán todos sus movimientos desde afuera, mientras que los muros más bien le sirven para ocultarse”.
Techos de lodo y bambú
Aparte de haber diseñado grandes obras construidas con bloques de lodo comprimido, como el Museo de Escultura en Copán Ruinas, la arquitecta Stassano es la artífice de los domotechos o bóvedas construidas con bambú y lodo para adaptarlos al clima tropical de Honduras.
Son techos perfectos para dar frescura en las casetas de las paradas de buses porque no absorben el calor como los techos de zinc u otros materiales, expresó.
Muchas de las técnicas para llevar a cabo estos proyectos han sido recogidas por la profesional de las áreas rurales donde desde hace muchos años los pobladores utilizan la tierra y el bahareque para construir sus casas.
También ha sacado copias de lo que eran las viviendas de las bananeras para construir un complejo habitacional dentro de la residencial El Barrial, contigua a la plaza Techos Verdes.
“Son como una réplica de las casas en que vivían los ejecutivos de la compañía bananera, pero con un nuevo lenguaje en materiales”, dice al referirse a las 19 viviendas alzadas en polines en medio de jardines tropicales, como aquellos que tenían solares de la ciudad.