El Progreso, Honduras.

Cesar es un hondureño que el 20 de septiembre de 2019 decidió abandonar su país en busca del “sueño americano”.

Con la meta de llegar a Estados Unidos y darle un mejor estilo de vida a su familia, soportó la travesía del viaje hasta llegar a México, sin imaginar lo que pasaría.

César estuvo secuestrado tres semanas junto a otros 20 migrantes en una casa de Los Zetas, el cártel al que pertenecían sus secuestradores, según les dijeron desde el primer momento en que los retuvieron.

“Yo pensé día tras día, instante tras instante desde que llegué a lugar, que los Zetas me iban a matar porque no tienen corazón ni alma”. relató a Telemundo.

El hondureño aseguró que el tono de los secuestradores siempre fue amenazador.

“Si tu hermano te quiere ver vivo, tiene que pagar”, le dijeron.

“Para refrescarle la memoria dale una calentadita”, recuerda César que le dijo uno de los delincuentes a otro, para luego comenzar a golpearlo.

El grupo armado les advirtió del peligro que corrían si no cooperaban y si sus familiares no pagaban el rescate de 5,000 dólares que pedían por cada uno de ellos.

Los secuestradores encerraban a los niños para interrogarlos y amenazarlos. Querían obtener información y saber qué familiar los esperaba en Estados Unidos. Era una forma de confirmar que sus padres no les mentían.

Si los secuestradores descubrían que la información era falsa, los golpeaban brutalmente, a las mujeres las violaban y a todos los amenazaban con cortarles un dedo si no decían la verdad, aseguran.

El migrante logró escapar, corrió sin parar durante 20 minutos hasta que se topó con la Patrulla Fronteriza, quienes lo detuvieron y deportaron a Honduras.

“Regresé derrotado, sin ilusiones y aún con mucho miedo”, concluyó.