El periodista Andrés Torres, liberado hace 19 días por sus secuestradores, relata a LA PRENSA algunas interioridades de su cautiverio, liberación y el papel que jugó la Policía Nacional en uno de los peores momentos de su vida.

¿Confía usted en la Policía?

Le dije a mi hermano, quien se encargó de las negociaciones con los secuestradores, que se alejara de la Policía y que negociara directamente con esta gente. Después de una llamada que hice, mi hermano dijo que no era mi voz, otros familiares dijeron que sí y la Policía se llevó la grabación para analizarla, cuando regresaron dijeron que no era mi voz. No quiero saber nada de la Policía ni de los secuestradores, ni siquiera me han llamado para investigar mi caso.

¿En algún momento creyó que la Policía lo rescataría?

Sí. Día a día pensaba que la Policía me iba a rescatar, llegué hasta mirar un retrato, la figura de Héctor Iván Mejía, y decía que este hombre es el que va a venir a la cabeza de ese contingente de la Policía, lo voy a saludar con un abrazo muy fuerte, así pensaba yo, pero no.

¿Había mucho ruido afuera del lugar donde estuvo secuestrado, como en una ciudad?

Como en una ciudad no. Casi todos los días pasaban helicópteros, pero no tan bajitos y un día pasaron bajitos y entonces dije yo, vienen ya, ya van a llegar. Nada, aquello se disipó, nada. Ahí no se escuchaba pasar una patrulla, incluso ni carros pasaban. Perdí la esperanza, pero a medida que pasaba el tiempo también yo sentía que mi familia estaba muy lenta en la negociación. Mientras no les dieran pruebas de que yo estaba vivo y de que ellos me tenían, no podían negociar.

¿Su familia recibió diferentes llamadas?

Cuando suceden esas cosas llaman de todos lados. Llamó un señor de Olancho diciéndole a mi familia que él me tenía secuestrado y que llevaran 500 mil lempiras y que dentro de una hora después de entregar el dinero me tendrían a mí. Eran maleantes. Si mi familia agarra como bueno eso, los hubieran matado.

¿Volvieron a llamar?

Siguieron insistiendo y hablaron hasta de la Penitenciaría Nacional, decían: poné 200 tarjetas de 200 lempiras cada una y te vamos a entregar a este viejo. La Policía estaba aquí en la casa, tenía dos elementos vestidos de civil.

¿Desde que se dio su secuestro estaban ellos en su casa?

Tengo entendido que sí, ellos tenían una computadora, intercepción de llamadas y todo para identificarlas, hasta de la PN llamaron.

¿Recuerda el proyecto de bloquear las llamadas en la PN?

Sí, pero la Policía identificó llamadas desde ahí. La Policía ayudó mucho en eso porque si no hubiera sido así, aquí se hubiera dado dinero a diestra y siniestra y al verdadero secuestrador a lo mejor no le hubieran dado nada y yo hubiera perecido.

¿Los policías identificaron las llamadas de los secuestradores?

Es que ésos se las saben todas, ésos no andan con un solo chip, cambian uno, cambian otro, ellos se las saben todas, son especialistas. Me ponen a hablar por teléfono con mi hermano y me dijeron, tu hermano no quiere entregar el dinero, te vamos a dar una última oportunidad, llamalo y decile que nos entregue el dinero, entonces me pusieron con un celular ahí donde estaba yo cautivo y con otro celular ellos y me conectaron, entonces yo le dije: Mario, por favor alejate de la Policía, entregá ese dinero para que me puedan sacar de aquí, yo me voy a enfermar.

¿Los secuestradores le pidieron desde un inicio cero comunicaciones con la Policía?

Así es, están informados dónde está la Policía... de todo.

¿Descarta que los secuestradores tengan aliados en la Policía?

Eso no lo podría decir yo. Quiero dejar a la Policía en paz porque a veces usted no sabe si está hablando con el enemigo o si está hablando con el amigo.

La Policía dijo: vamos a analizar esta voz y de ahí regresan a decir que no es la voz de don Andrés. Eso fue el sábado 30. Entonces no dan el pisto. El domingo me volvió a llamar el negociador de los secuestradores: ‘Aquél se niega a entregar ese pisto’ me dijo, ahí está con la Policía, lo sabían todo. ‘Hacete una carta y ¿estás dispuesto a sacarte sangre vos o te la sacamos a la fuerza?, en esa carta que vas a hacer vas a poner dos gotas de sangre tuya’, me dijeron. Hice la carta, pero el muchacho que llegó a recoger la carta se le olvidó llevarme la gillette.

¿Cómo enviaron esa carta?

Ellos me dijeron que hiciera la carta y que ellos la iban a poner en las manos de la persona adecuada. Entonces llamaron a la casa de un yerno mío y quien contesta la llamada es la trabajadora, eso fue el domingo 31 de mayo, y le indican: ‘decile que en el kilómetro 21 de la carretera del sur, en una bolsa roja, está la cabeza de don Andrés Torres, que la vayan a recoger’. Eso oyó la trabajadora y lo que le dijeron los secuestradores fue: ‘en una bolsa roja va una carta de don Andrés Torres, vayan a recogerla al kilómetro 21’. Se imagina qué revuelo causó eso, mi familia hasta tenía miedo de ir a recoger aquello. Esa carta influyó para que buscaran una persona adecuada para hacer el trámite: el sacerdote Roberto Paiz.

¿Todo esto ya sin la Policía?

La Policía no salió de mi casa hasta que yo vine. Les dije: bueno señores éste es mi dormitorio, por favor me desocupan. Cuando salí de cautiverio, después que atendí a la prensa, subí y los encontré ahí, pero les dije ¿y esto? Son la Policía papá me dijo una de las muchachas y les dije que me desocuparan el cuarto que venía a descansar. Yo no quiero saber nada de la Policía, ya tengo suficientes problemas como para meterme a más problemas les dije, esa gente pasa informada. Por cierto quiero agradecerle a Miguel Pastor porque el dio el carro con las condiciones que pedían los secuestradores.

¿Así de exigentes son los secuestradores?

Ellos pidieron un carro blanco, pick up, dos puertas, sin vidrios polarizados, con luz de techo y todas las luces buenas. Entonces al padre se le dio el dinero y agarró para San Pedro, él solo. Cuando va por Comayagua le dijeron, regresate a la Villa Olímpica, la Policía ya sabía que el padre andaba allá con millón y medio de lempiras, cuando él venía por El Durazno lo interceptan y lo llevan preso con todo el dinero a la Cuarta Estación acusándolo de lavado de dinero. No hombre les dijo el padre, este dinero es el pago del secuestro de don Andrés, hay urgencia para que lo suelten, ‘no, no, vos sos lavador de dinero le dijeron’. Por una llamada del hijo del presidente Zelaya, que es amigo del padre Paiz, lo soltaron y el ministro de Seguridad dijo: ‘suéltenlo, déjenlo que siga’. Luego mi hermano recibe una llamada de los secuestradores y le dijeron, mira, nos estás jugando sucio verdad, ese dinero esta ahí en la Cuarta Estación, ¿cómo sabían ellos que el dinero estaba ahí?