Manuel Antonio Bonilla, Manolo, pionero en la radioafición, murió el pasado jueves a consecuencia de un problema cardiaco.
Haciendo uso de su buen humor, Bonilla solía decir a sus amigos que era el “hombre biónico” porque había logrado superar una gran cantidad de infartos. Falleció a sus 78 años dejando un legado de honestidad, integridad y dignidad a sus hijos.
Estaba casado con Irma Rosales de Bonilla con quien procreó cinco hijos: Irma María, Matilde Mercedes, Diana Isabel, Manuel Antonio y Marisela del Carmen.
Su hija Marisela lo describe como un padre ejemplar, un hombre bueno, íntegro con principios católicos. “Fue un ejemplo de alegría, jovialidad trabajador y muy amoroso”, dijo la hija menor del escritor.
Manolo escribió el libro “Cosas Mías”, una recopilación de sus relatos y vivencias que lo retratan y era columnista de Diario LA PRENSA.
Siempre decía que esos relatos deberían servir de ejemplo a la juventud de Honduras y en general para ponerle amor al trabajo y apegarse al amor a Dios.
Sus restos fueron velados en Funeraria del Recuerdo hasta donde llegaron amigos, familiares y conocidos del columnista.
Ayer fue sepultado en el cementerio general en medio del dolor y la consternación que provocó su partida.
“Mucha gente no lo conoció personalmente, pero se identificaban con él por sus escritos” dijo su hija Marisela.
Los radioaficionados recordaron a Bonilla como un gran hombre, amigo y un radiaficionado con determinada participación cuando ocurrieron catástrofes naturales como el Fifi y Mitch. Enviaron mensajes de solidaridad a la familia y elevaron plegarias para que el alma del inolvidable Manolo descanse en paz.